Iquique. El Papa Francisco llamó este jueves a los chilenos a abrir sus brazos a las nuevas oleadas de inmigrantes y a brindarles un trato más justo en su paso por el puerto de Iquique, la última escala de su visita al país antes de volar a Perú.

Desde la madrugada, miles de fieles acamparon en las afueras de una playa cercana a Iquique, en el corazón del desierto más árido del mundo, donde el Sumo Pontífice entregó su mensaje final masivo en suelo chileno.

"Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación (...) Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos inmigrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en regla", dijo el Papa en un acto al que concurrió menos gente de la esperada.

Iquique, que en lengua de la etnia aymara significa "sueño", se ha convertido en los últimos años en uno de los mayores polos migratorios del norte del país para personas que huyen de las crisis políticas y económicas en sus naciones de origen.

"Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos inmigrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en regla". Papa Francisco.

Pero la llegada de los extranjeros al puerto, en una región que alberga importantes faenas mineras, ha despertado sentimientos xenófobos en la población local, un rechazo que se repite en las principales urbes de Chile.

"Muchos piensan que ellos vienen a quitarles (a los chilenos) un poco el trabajo, pero ellos vienen a buscar oportunidades. Lo que pasa a que a veces los chilenos somos demasiado egoístas, no pensamos en el otro", dijo Camila Hidalgo, una joven de 24 años que vive en Iquique.

Los inmigrantes, que solían venir de países vecinos como Bolivia y Perú, en los últimos años han llegado desde sitios más lejanos como Haití, Cuba, Venezuela y Colombia.

"Esta tierra (Iquique) es tierra de sueños, pero busquemos que siga siendo también tierra de hospitalidad", abogó el primer Papa latinoamericano en una misa en la que estuvo también la presidenta chilena, Michelle Bachelet.

El Pontífice, nacido en Argentina como Jorge Bergoglio y que vivió cerca de un año en Chile en su juventud, llegó al país el lunes. En las jornadas previas pidió perdón por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes y buscó tender un puente con los pueblos originarios.

 

Condiciones precarias. El fenómeno del aumento migratorio, que se ha multiplicado por cinco en los últimos 30 años en Chile, también ha arrastrado a muchos extranjeros a vivir en condiciones muy precarias.

El auge del cobre en años recientes en el norte de Chile atrajo, por ejemplo, a miles de colombianos que huían de la inseguridad en su país. Pero el desplome en el precio del metal y el congelamiento de las inversiones mineras terminó por derrumbar los sueños de muchos de ellos.

"Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares", dijo el líder de la Iglesia Católica.

Una vez concluida la misa masiva, el pontífice se dirigirá al cosmopolita puerto para reunirse de manera privada con víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet y luego daría un mensaje de despedida en compañía de Bachelet.