La Policía brasileña ocupó a primera hora de este domingo y sin encontrar resistencia el complejo de favelas de Manguinhos, uno de los más peligrosos de Río de Janeiro, así como las vecinas favelas de Jacarezinho, Mandela y Varginha, reductos del tráfico de drogas en la zona norte de la ciudad.

Las autoridades informaron que unos 1.500 hombres, entre policías y fusileros navales, con el apoyo de tres helicópteros y 13 blindados de la Marina, ocuparon las favelas en 10 minutos, encontrando la oposición de algunas barricadas que los narcotraficantes habían colocado para dificultar el acceso de las fuerzas de seguridad.

La operación comenzó a las 5:00 horas locales (8:00 GMT), cuando miembros del Batallón de Operaciones Especiales de la Policía Militarizada (BOPE), el cuerpo de elite de la Policía de Río de Janeiro, entraron en Manguinhos utilizando vehículos blindados para llegar rápidamente a los lugares estratégicos y controlarlos.

Agentes de la Policía Civil hicieron lo mismo en Jacarezinho, donde funcionaba el mayor "crackódromo" de la ciudad, como son conocidas las plazas en que se vende y consume crack, un derivado de la cocaína con alto poder destructivo.

Igual que sucedió en otras ocupaciones similares que son anunciadas previamente, los bandidos que dominaban las barriadas pobres huyeron antes del ingreso de las fuerzas de seguridad pública hacia otras que aún son dominadas por la delincuencia.

En esta ocasión, el BOPE realizó operaciones previas en favelas cercanas a las que podían dirigirse los pistoleros en fuga.

En una de ellas se produjo un enfrentamiento la mañana de este sábado, que terminó con cinco supuestos narcotraficantes que huyeron de Manguinhos.

Con la ocupación de las favelas, el gobierno regional de Río de Janeiro pretende instalar en ellas las llamadas Unidades de Policía Pacificadora (UPP), como son conocidos los cuartelillos permanentes con que las autoridades están recuperando áreas antes dominadas por grupos criminales.

La instalación de las UPP forma parte de una exitosa política de seguridad pública iniciada por el gobierno de Río de Janeiro en 2008 para expulsar a las bandas de narcotraficantes de las favelas de la ciudad antes de los Juegos Olímpicos que la ciudad organizará en 2016 y el Mundial de fútbol de 2014.

Esta política, que ha reducido significativamente los índices de violencia y criminalidad de Río de Janeiro, ha sido considerada por organizaciones multilaterales como modelo para otros países de la región.