Sao Paulo. La policía en el estado brasileño de Bahía decidió poner fin a una huelga que ha desencadenado una ola de delincuencia en la que murieron más 150 personas, aumentando las esperanzas de que los carnavales se celebren en paz pero sin despejar los temores sobre la seguridad con vistas al Mundial de 2014.

Los últimos huelguistas entre la policía militar de Bahía acordaron abandonar su protesta, según dijo a Reuters el portavoz del estado Robinson Almeida, después de 11 días de saqueos, asaltos y vandalismo en la tercera ciudad más grande de Brasil.

Los temores a que la violencia se extendiera se calmaron también en Río de Janeiro, donde la huelga policial parecía perder fuerza en su segundo día.

La policía civil de Río, una rama de las fuerzas de seguridad en paralización, accedió el sábado a suspender la acción, según el servicio estatal de noticias Agencia Brasil.

Los reportes causaron alivio apenas una semana antes de las famosas celebraciones de carnaval en Río, y permitieron un inicio pacífico para los cientos de desfiles callejeros informales, conocidos como blocos.

Se espera que hasta 850.000 personas llenen las playas y paseos marítimos de la segunda ciudad más grande del país para disfrutar de las fiestas, que se celebran oficialmente del 17 al 22 de febrero.

Aun así, el episodio renueva los temores a que Brasil, deseosa de mostrar su creciente prosperidad en el Mundial de dentro de dos años, no esté bien preparada para ofrecer la seguridad necesaria en las 12 ciudades anfitrionas de los partidos de fútbol, entre las que están Río o Salvador.

Río también acogerá los Juegos Olímpicos de 2016. Las autoridades policiales de Río, decididas a evitar una repetición del caos en Salvador, reaccionaron con rapidez a la declaración de una huelga el viernes, deteniendo a decenas de trabajadores en huelga y acusándolos de desobediencia.

Las autoridades también se apresuraron a adoptar planes de emergencia para desplegar tropas federales en la ciudad y todo el país, entre convocatorias de protestas nacionales de agentes de policía que piden salarios más altos.

La presidenta Dilma Roussef envió la semana pasada más de 4.000 soldados a Salvador para restaurar el orden durante la huelga policial. En Bahía, unos 6.000 agentes, que suponen en torno a un quinto de la fuerza policial en la región, han participado en los paros.

De los 70.000 efectivos de Río, incluyendo bomberos o funcionarios de prisiones, sólo unos 3.000 se reunieron en el centro colonial de la ciudad el jueves por la noche en una protesta inicial para lanzar la huelga.

Para el gobernador de Bahía, Jaques Wagner, estrella del Partido de los Trabajadores en el poder y aliado clave de la presidenta, la huelga ha llevado a unas negociaciones maratónicas con la policía, que dice estar mal pagada y sobrecargada por la creciente delincuencia.

El gobernador ya ha accedido a un aumento de sueldo del 6,5%, pero se ha negado a otorgar una amnistía para los huelguistas que han cometido delitos.

Mientras tanto, la industria de los viajes ha sufrido el golpe de la huelga en lo que debería ser una época de grandes ingresos. Las autoridades locales de turismo dicen que en los últimos días se han cancelado hasta el 10% de las reservas sin pagar para el carnaval y fechas posteriores.

A finales de la semana pasada, la embajada estadounidense en Brasil aconsejó a sus ciudadanos que "consideren retrasar cualquier viaje no esencial" a Bahía "hasta que las condiciones de seguridad se hayan estabilizado".