El amor en realidad está en el cerebro, y no en el corazón. Es lo que sugieren las últimas investigación científicas, gracias a las cuales comenzamos a entender, la razón de que las “flechas de Cupido” nos hagan "perder la cabeza", y nos inyecten euforia y una especie de locura transitoria.   

Un equipo internacional de expertos ha desarrollado un mapa del cerebro enamorado, en el que ha desvelado el proceso neuronal mediante el cual el deseo sexual humano llega a transformarse en enamoramiento y durante el que se activan las mismas regiones cerebrales implicadas en la adicción a las drogas.

El psicólogo Jim Pfaus, de la Universidad de Concordia (www.concordia.ca) , en Canadá, junto a investigadores de Estados Unidos, Canadá y Suiza, analizó los resultados de veinte estudios científicos en los que se había examinado la actividad cerebral de personas que desarrollaban actividades como visionar imágenes eróticas u observar fotografías de sus seres queridos.  

Al combinar todos estos datos, los científicos, comprobaron que el amor y el deseo sexual activan diferentes áreas de una estructura cerebral llamada cuerpo estriado.  

La región vinculada al deseo sexual se “enciende” habitualmente cuando percibimos cosas en si agradables, como el sexo o la comida, mientras que el amor activa un área implicada en un proceso de condicionamiento, merced al cual nuestra mente concede un valor determinado a las cosas relacionadas con la recompensa o con el placer, según la revista científica  ‘Tendencias21’, que recoge este trabajo.  

A medida que el deseo sexual se convierte en amor, la persona pasa a procesar la información sobre el objeto deseado y amado en un área distinta del cuerpo estriado.  

Asimismo el estudio titulado "The Common Neural Bases Between Sexual Desire and Love: A Multilevel Kernel Density fMRI Analysis", revela que el área del cuerpo estriado relacionada con el sentimiento amoroso es la misma que ha sido relacionada con la adicción a las drogas.

En este sentido la doctora Natalia López-Moratalla, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular, de la Universidad de Navarra (www.unav.edu) analiza los procesos cerebrales que intervienen en el enamoramiento, en un nuevo vídeo divulgativo titulado "¿Cómo funciona un cerebro enamorado?".

"En el enamoramiento, tras el impulso emocional del inicio, se ponen en marcha los circuitos cerebrales de la confianza para consolidar el vínculo amoroso, y se silencian específicamente la áreas que crean distancias, aquellas que se activan en estados depresivos o de tristeza", explica esta experta.

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EL CAUTIVANTE ROSTRO DE LA PERSONA AMADA

Además de la voz o el intelecto, en este proceso la vista juega un papel importante, según López-Moratalla, porque ver el rostro de la persona de la que uno se ha enamorado es importante para despertar y mantener el enamoramiento, ya que provoca una serie de emociones positivas que llevan al enamorad@ a empatizar, es decir a identificarse mental y afectivamente  con el estado de ánimo del otro, así como a conocer los sentimientos e intenciones y ajustar las respuestas.

“Mirarse a los ojos hace compartir un mundo en que ambos se funden" expone esta experta, que añade que  en el proceso neurofisiológico del enamoramiento también hay diferencias en cuestión de sexos.  

Según la experta de la UNAV "los estudios indican que las mujeres emplean más la oxitocina, la hormona de la confianza, que además aumenta su nivel con el contacto físico y la mirada. Domina en ellas la empatía emocional".  

"Por el contrario, los hombres usan más la vasopresina, que potencia la testosterona y facilita una empatía más racionalizada, y aumenta la detección de estímulos eróticos", afirma la catedrática.

En entrevista con Efe, López-Moratalla explica que “el enamoramiento es uno de los sentimientos humanos más fuertes. Es un vínculo de apego, es decir de amor y deseo de unión, universal, fuerte y arraigado, que ata a los enamorados”.

Esta vinculación entre dos personas se establece por una doble vía: “atrayéndoles, porque ante la persona amada se activa la vía de recompensa emocional que usa la dopamina, conocida como la hormona de la felicidad, y superando las distancias personales, al desactivarse la desconfianza, para lo que utiliza el neurotransmisor positivo en las relaciones sociales, la oxitocina, con frecuencia denominada hormona de la confianza”, explica.

“Ciertamente la idea popular sobre el amor romántico afirma que el enamoramiento es una etapa de obnubilación, que debe dar paso a la clarividencia del amor. En una primera etapa, el estar fuera de sí, con el pensamiento en el otro, descentrado de sí mismo y centrado en el otro, conlleva un tanto de locura, loco por el otro, sin objetividad para sus defectos”, añade.  

“La sentencia que dice el ‘amor es ciego’ expresa la realidad de que el vínculo que se establece, por el hecho de que tiende a no distinguir entre el yo y el otro, suspende el juicio negativo”, explica la experta a Efe.  

“Por eso –según esta experta- si el enamoramiento perdura, tras esa fase de ceguera da paso a un amor en el que la confianza en el otro ya no es ceguera sino comprensión y aceptación del otro como es; apoyo incondicional y eterno”.

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CUPIDO REVOLUCIONA LOS CIRCUITOS NEURONALES

Según López-Moratalla decir “cerebro enamorado” es una forma de “hablar de las conexiones de neuronas que forman una red específica dentro del laberinto de circuitos que procesan las relaciones personales; lo que se conoce como cerebro social”.  

“Nos enamoramos nosotros; cada uno es un “yo” somatizado, el ‘titular’ con nombre propio de nuestro cuerpo. Yo me excito ante un estímulo, y yo freno el flujo de los circuitos neuronales que procesan la información del estímulo, y pienso, decido, respondo libremente. Para poder hacerlo mi cerebro ha de tener los cables bien trazados y no estar abandonado sin control. Si no es así, no consigo el stop, ¡para y piensa!, que me permite ser dueño de mis actos”, dice.

De acuerdo a esta experta “el enamoramiento es genuinamente humano ya que es un vínculo afectivo y de conocimiento del otro, además de llevar el componente de impulso erótico. Es mucha la tarea y se reparte entre las tres capas del cerebro y se regula por la acción de moléculas neurotransmisoras y hormonas sexuales”.  

Para esta catedrática “lo que provoca la vinculación del amor romántico es la perfecta sincronización entre la activación de neuronas de algunas áreas de la corteza, otras del sistema de recompensa y motivación, y de las áreas que procesan los estímulos sexuales, con la desconexión simultánea de áreas asociadas con el juicio crítico y las emociones negativas”.

“El cerebro funciona bien y sincroniza lo visceral, lo afectivo y lo cognitivo, que fluye a velocidades muy distintas, si el cableado está bien trazado. El trazado de los cables que conducen la información lo hace cada uno en su cerebro con sus vivencias, experiencias, decisiones. El individuo es responsable de su propio cerebro”, según esta experta.  

“Enamorarse genera una enorme felicidad cuando se acompasan los ritmos naturales de ambos, sin falsos atajos”, destaca.  

López-Moratalla indica también que los estímulos de los sentidos juegan un papel primordial en el enamoramiento, porque “en definitiva el cuerpo, los gestos, la mirada, la forma de moverse, la entonación de la voz, etc. manifiestan a cada persona”.  

“Los encantos son diferentes en el hombre y la mujer. De ahí que la naturaleza asegure esa atracción que asegura la transmisión de la vida, mediante un diferente impacto de los estímulos”, comenta.  

“En el hombre el estimulo natural esencial es visual y dirigido hacia aquellas áreas del cuerpo femenino ligadas a la procreación y que muestran armonía; la armonía es un indicador de salud reproductiva”, señala.

“En la mujer es el tacto el sentido que más despierta el placer sexual. Los rasgos masculinos atractivos para ellas están más en consonancia con el porte que refleja seguridad, poder, en definitiva capacidad de asegurarle un futuro familiar, aún en situaciones culturales en que la economía doméstica no descansa ya en el padre y los roles se reparten”, completa.  

En la cuestión del amor romántico, “la atracción sexual se dirige a una fusión de las personas, de los cuerpos personales, que por su propia naturaleza desconecta el pensamiento analítico, discursivo. No es irracional sino que implica todo el ser que es más que razón fría; somos así.  De alguna forma se deja algo propio en la otra persona y se toma algo de ella”, finaliza.