Russia Beyond the Headlines. En 1960, cuando Yma Sumac voló por primera vez a la Unión Soviética, había un gran déficit de artículos de calidad y electrodomésticos. A pesar de ello, la gente no escatimaba su dinero para comprar entradas en la reventa.

Se acercaba el año 1961, era un momento especial en la vida en la URSS. Todo el mundo vivía con esperaba con entusiasmo lo que por fin ocurrió el 12 de abril de 1961. El primer vuelo de un hombre al espacio. La hazaña fue obra de un gran equipo y del cosmonauta soviético Yuri Gagarin. Con el inicio de la conquista espacial comenzó un periodo de entusiasmo respecto al futuro y al progreso tecnológico.

Por ello, incluso las personas con los salarios más bajos, que nunca iban ni soñaban con ir al teatro Bolshói, no escatimaban dinero para ir a escuchar a Yma Sumac. Su voz también era como un viaje al espacio y un “presentimiento de futuro”: su registro vocal de cinco octavas era único en el mundo.

“El dinero era importante, pero no era lo principal -comienza su relato  Evguenia Ivanova, que entonces trabajaba en la fábrica de calzado Comuna de París-. La consideración estaba por encima del dinero. A mí me regalaron las entradas para el concierto de Yma Sumac como premio. No me enfadé por no haber recibido el premio en metálico, porque aquello también era una muestra de consideración por parte del sindicato”.

“La sala estaba llana, sobre el escenario había una orquesta sinfónica, -continúa Evguenia-. Anunciaron a Yma Sumac sin ninguna ceremonia especial y después ella se quedó tranquilamente en la escena, escuchando cómo el presentador hablaba sobre lo que iba a cantar. Esbelta, imperturbable, como una verdadera reina [el apellido de soltera de la madre de Yma era Atahualpa, su madre era descendiente del último soberano del Imperio inca, asesinado por los españoles en 1533]. Me habían dicho que era de Perú, pero escuchaba como si entendiera el ruso. Y entonces Yma Sumac comenzó a cantar… Fue un concierto maravilloso. Yo nunca había oído nada parecido”.

A Jruschov le encantaba. El entonces secretario general del Partido Comunista, Nikita Jruschov, no solía valorar a los artistas y los trataba con cierta desconfianza. Con la excepción de algunos poetas, compositores de canciones patrióticas y de ciertos directores de cine, el Secretario General habría enviado con gusto a todos los artistas a los campos de trabajo a cultivar el maíz que tanto le gustaba.

Pero Jruschov adoraba a Yma Sumac, le encantaba escucharla y en 1961 ordenó pagarle medio año de honorarios en divisa extranjera. En los años 60 en la URSS aquello era un caso muy excepcional, seguramente fue el único.

Yma Sumac actuó en el Conservatorio de Moscú y en otras prestigiosas salas donde la grabó la televisión. Pero también actuó en las casas de cultura regionales situadas en pequeñas ciudades de 100.000 o 200.000 habitantes. Siempre firmaba autógrafos tras los conciertos, especialmente a los niños. Al parecer, poco a poco fue aprendiendo cada vez más palabras rusas.

Su marcha de la URSS poco antes de la fecha oficial, casi a toda prisa, fue un hecho inesperado. Algunos aseguran que esto fue por la atención que le prestaban los oficiales del KGB: aquella hermosa y talentosa cantante tenía muchos admiradores secretos.

Sus camerinos a menudo acababan inundados de ramos que hombres de todo tipo y condición llevaban al escenario.

Existe otra versión de los hechos, y en realidad nadie ha logrado determinar cuál es la verdadera. Cuando emprendió su gira por las pequeñas ciudades de Rusia, Yma Sumac no contaba con un desagradable visitante: las cucarachas. Las ciudades de provincias y sus hoteles estaban plagados de estos insectos.

Según cuentan, a causa de tener que dormir durante la gira en hoteles infestados de cucarachas  animó a la cantante a abandonar la URSS a finales de 1961.

Sin embargo, existen razones para suponer que la Unión Soviética enamoró a Yma, ya que poco después volvió varias veces, ya no de gira, sino con menos revuelo. En 1962 la cantante accedió a participar en la grabación de la banda sonora de la película de ciencia ficción soviética “Planeta Bur”.

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