El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó el sábado a Texas para reunirse con los servicios de emergencias y las víctimas de Harvey, la catastrófica tormenta que provocó grandes inundaciones en el sur del país.

La visita da a Trump la posibilidad de mostrar un lado más cálido y empático con las víctimas de la peor tormenta que golpea Texas en 50 años. Algunos le han criticado por mantenerse lejos de las zonas de desastre durante la visita del martes, en la que dijo que no quería obstaculizar las labores de rescate.

La Casa Blanca anunció el sábado que Trump viajará primero a Houston para reunirse con sobrevivientes y voluntarios que colaboraron en las labores de ayuda y que después se trasladará a Lake Charles, Luisiana, golpeada más tarde en la semana.

Además de la visita del mandatario, las miradas estarán puestas también en el Minute Maid Park, donde los Houston Astros jugarán sus primeros partidos de béisbol desde que Harvey devastó la cuarta ciudad más poblada de Estados Unidos. Se espera que los dos encuentros que disputará ante los New York Mets estén llenos de emoción y recuerdos para las decenas de personas que no sobrevivieron al paso de Harvey.

El poderoso fenómeno climático desplazó a más de 1 millón de personas y dejó una cifra estimada de al menos 46 muertos fruto de las inundaciones que paralizaron Houston, hicieron subir el caudal de los ríos hasta máximos históricos e interrumpieron el suministro de agua potable en Beaumont, Texas, una ciudad de 120.000 habitantes.

El gobierno de Trump pidió el viernes en una carta al Congreso un monto de US$7.850 millones para financiar los operativos de respuesta y los esfuerzos iniciales de recuperación.

Cuando el huracán Harvey tocó tierra hace más de una semana, gran parte de los daños afectaron al área metropolitana de Houston, que tiene una economía similar al tamaño de la de Argentina. El 70 por ciento del condado de Harris, que incluye a Houston, estuvo cubierto en un momento con 45 centímetros o más de agua, según funcionarios locales.

Cuando Trump visitó la región costera del Golfo de México el martes, se reunió con líderes estatales y locales y socorristas, centrándose sobre todo en la logística de la respuesta gubernamental más que en el sufrimiento de los residentes.

Ayuda. El gobierno de Trump pidió el viernes en una carta al Congreso un monto de US$7.850 millones para financiar los operativos de respuesta y los esfuerzos iniciales de recuperación.

El asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Tom Bossert, dijo que las peticiones de financiación de ayuda llegarán en etapas, según se vaya conociendo el impacto de la tormenta. El gobernador de Texas, Greg Abbott, indicó que su estado podría necesitar más de US$125.000 millones.

La tormenta, que se quedó varios días vagando por la costa estadounidense del Golfo de México, arrojó cantidades récord de lluvia y devastó más de 480 kilómetros de frente costero. Según empezaba a disminuir el nivel del agua, mucha gente se atrevía a volver para calibrar los daños.

En Orange, Texas, unos 200 kilómetros al este de Houston, Sam Dougharty, de 36 años, volvió el viernes a la casa familiar, que seguía teniendo agua hasta la cintura en su patio trasero y su granero. La vivienda olía a cloaca y estaba con agua hasta los tobillos. Dos terneros estaban muertos.

"Nunca tuvimos agua aquí. Esta tierra es de mi familia. Mi tía la tuvo 40 años y nunca tuvimos agua aquí", afirmó.

El alguacil del condado de Orange, Keith Merritt, dijo que la zona está regresando poco a poco a la vida, aunque reconoció que las calles siguen llenas de vehículos anegados y muchas casas estaban sin electricidad.

En la zona de Clear Creek, en el condado de Harris, los cerca de 127 centímetros de lluvia caídos equivalían a un evento único en 40.000 años, según el meteorólogo local Jeff Lindner.

La tormenta clausuró cerca de una cuarta parte de la capacidad de refinado de Estados Unidos, situada en gran parte a lo largo de la costa del Golfo, y provocó un alza de los precios de la gasolina a un máximo de dos años antes del fin de semana largo del Día del Trabajo.

Mientras, una nueva tormenta, Irma, se fortaleció hasta convertirse el viernes en un huracán de categoría 3. Seguía a cientos de kilómetros de la tierra, pero la previsión es que pueda golpear Puerto Rico, República Dominicana y Haití a mediados de la próxima semana.