Monterrey. Desconsolados mexicanos encendieron velas en altares y dejaron flores anaranjadas durante el Día de Muertos en las numerosas tumbas de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico, sobre todo en ciudades del norte del país, acosadas por la violencia.

En distintos cementerios, las personas quemaron incienso y llenaron las tumbas con las llamadas "catrinas", esqueletos con diversas vestimentas hechos de papel maché con las que los mexicanos celebran a sus difuntos, a quienes además llevan dulces, tequila y música de mariachi.

El Día de Muertos en México mezcla creencias del catolicismo con otras prehispánicas por las que se considera que los muertos regresan una vez al año para reencontrarse con sus seres queridos.

Pero las celebraciones, de carácter festivo y que atraen a turistas, se convirtieron este año en una muestra de frustración y rabia en la norteña ciudad de Monterrey, la más rica del país, donde la explosión de granadas y tiroteos en las calles han cobrado la vida de inocentes.

"Es como un sueño feo y todos tenemos miedo", dijo Chrystel Rangel, compañera de clase de la estudiante universitaria Lucila Quintanilla, de 21, que murió el mes pasado por el disparo de un sicario durante un tiroteo en una concurrida calle.

"Sé que Lucy se fue, pero sigo pensando que va a regresar", indicó Rangel mientras colocaba cerezas y comida mexicana típica en un altar en memoria de su amiga.

Este año la ciudad, antes un oasis de tranquilidad mientras la violencia se concentraba en la frontera con Estados Unidos, se ha convertido en uno de los principales focos rojos de la guerra del narcotráfico junto con la fronteriza Ciudad Juárez frente a El Paso, Texas.

Monterrey de luto. La violencia ha dejado cerca de 31.000 muertos desde diciembre de 2006, cuando el presidente Felipe Calderón lanzó combates frontales con policías y soldados contra los cárteles.

En Monterrey, considerada una ciudad modelo por sus bajas tasas de delincuencia, sus universidades y una creciente clase media, no ha podido escapar al trauma de la violencia por la que más de 700 personas murieron este año.

La ciudad se ha convertido en campo de batalla entre el poderoso cártel del Golfo y su antiguo brazo armado, los Zetas, que se volvió un cártel independiente.

La mayoría de los muertos son sicarios caídos por enfrentamientos entre bandas rivales, pero se suceden los casos de inocentes muertos en fuego cruzado o confundidos con delincuentes por las autoridades.

"Es hora de terminar esta guerra contra los narcos, porque lo único que ha logrado es provocar tragedias y muertos", dijo el empresario Ernesto Morales, parado ante el altar de una de estas víctimas, cubierto con velas y emotivos mensajes escritos a mano y ubicado en la principal plaza pública de Monterrey.

El jueves, soldados mataron a un joven arquitecto a quien confundieron con un sicario y otro hombre murió durante un tiroteo el fin de semana. Estas fueron las últimas de una serie de cinco muertes de inocentes en Monterrey en octubre.

"El Ejército no se puede esconder de sus errores y decir que era un sicario", dijo David Osorio, hermano mayor del arquitecto.

La espiral de violencia en Monterrey, sede de grandes empresas y que genera cerca del 8% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, se ha convertido en un nuevo desafío para Calderón, quien la semana pasada pidió paciencia.

"Nadie ha dicho que será fácil. En esto no hay ni recetas mágicas ni soluciones simples, pero sí hay soluciones de fondo, que si se siguen con perseverancia maduran y dan sus frutos", dijo el mandatario en un acto público en la ciudad.