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¿Por qué la educación e infraestructura son claves para la competitividad?
Lunes, Mayo 9, 2016 - 15:04

La competitividad es un concepto que cualquier persona entiende casi intuitivamente, aunque es muy difícil de concretar en una fórmula matemática.

Por Juan Antonio Cuartero. Director General Negocio Structuralia. A veces parece que América Latina es una región algo maldita, incapaz de competir con el resto del mundo, no capaz de ser competitiva para vender sus materias primas, productos elaborados o servicios con la relación calidad/precio que ofrecen competidores como los asiáticos o europeos.  Y  muchas veces existe la resignación del ciudadano  y empresario local en que esta “no competitividad” es un hecho intrínseco con el que es imposible luchar.

Sin embargo el éxito de las compañías latinoamericanas, y sobre todos de muchos directivos, profesionales y trabajadores latinoamericanos en el exterior demuestra que la realidad es  muy distinta a este sentir. Quizás por las dificultades vividas en los mercados locales, cuando empresas y profesionales salen al exterior suelen lograr buenos resultados, incluso éxitos llamativos, una vez que las principales barreras que han truncado su desarrollo han sido levantadas.

La palabra de moda en la región es competitividad. Una vez que el super ciclo de las materias primas se ha terminado, y con ellos los ingresos fáciles y el crecimiento sin mucho esfuerzo, queda claro que la única forma de continuar creciendo y generando bienes y valor para la población local es siendo competitivos y ofreciendo bienes y servicios con un coste capaz de hacerse un hueco en los mercados mundiales. La competitividad es un concepto que cualquier persona entiende casi intuitivamente, aunque es muy difícil de concretar en una fórmula matemática.

Sin embargo, está claro que hay dos componentes  que pesan mucho dentro de la competitividad de un país: la educación  y las infraestructuras.

Durante la década de crecimiento de América Latina, el nivel de la educación en casi toda la región ha dado un salto importante. Aunque es cierto que queda mucho por hacer, los gobiernos han realizado un importante esfuerzo en llevar la educación a todos los niveles sociales, e incluso en mejorar las educaciones secundarias y universitaria. Las empresas, por su parte han apostado por  la formación y actualización de sus directivos y mandos medios y altos.

El resultado ha sido positivo, aunque haya que recalcar que la educación casi se ha convertido en una competición y una carrera entre países, no basta con avanzar sino con recortar posiciones con los países que van a la cabeza. En esos años de menores alegrías económicas, no hay que cejar en el empeño en seguir impulsando la formación de calidad y con enfoque internacional para seguir mejorando la competitividad y, de paso, no echar por la borda las inversiones y avances  de años anteriores.

En cuanto a la inversión de las infraestructuras, queda claro que  el transporte público y unas autopistas eficientes permiten a los trabajadores producir más en menos tiempo, y unos puertos modernos permiten bajar los precios de colocar un producto en los mercados exteriores. Siendo esto tan solo dos ejemplos.

En este punto, y aunque el avance ha sido relativamente positivo en casi todo los países, aunque con fuertes diferencias entre unos y otros,  aún queda mucho por hacer. Un análisis del BID (Banco de Desarrollo Iberoamericana) destaca que la región debería invertir unos 142.000 millones de dólares al año, o un 5% del PIB en infraestructuras para no quedarse rezagado en la carrera económica mundial. La Cepal va más allá y señala que la inversión debe ser del 6,2%

Todo un reto en un momento en los que los gobiernos cuentan con menos recursos que en años previos.

Pero hay opciones. Los nuevos gobernantes de la región deberán evaluar seriamente si pueden cortar la inversión en infraestructuras  o, al mismo tiempo, abrir sus mercados a la inversión privada en las mismas mediante legislaciones amigables y estables.   En 2001 la inversión privada en Latinoamericana supuso el 1,4% del PIB. Con un mundo en tipos de interés negativo  o casi cero (Europa, Japón, etc.) y con pocos destinos rentables para inversiones, parece que no debería haber problema para captar inversión exterior siempre que los proyectos respondan también a criterios económicos.

Solo manteniendo la inversión en educación e infraestructuras, se podrá avanzar en la competitividad de un país. Porque la otra opción es devaluar la moneda, pero los resultados de esta son siempre conocidos, pobreza y retorno en el tiempo. A diferencia de otras crisis anteriores, América Latina tiene la capacidad esta vez elegir su destino. Hay opciones para el optimismo.

Imágenes | Flickr

Autores

Juan Antonio Cuartero