El estadounidense Michael Johnson llena estadios, aunque no canta, no baila ni juega a la pelota. Él es el CEO de Herbalife, la compañía de nutrición, control de peso y cuidado personal que recluta vendedores, los organiza en pirámides de incentivos para así formar una de las redes de venta directa más grandes del planeta.

Recientemente, en una visita a América Latina, llenó con 10.000 asistentes un gran estadio en Lima, en un evento destinado a reclutar nuevos distribuidores en toda la región, pues se transmitía por internet. “La región está en un proceso de transición”, dice Johnson. “Está pasando de una etapa de agresivo reclutamiento de distribuidores a una de consumo diario de nuestros productos”.

El negocio más grande en la región para Herbalife es México, su segundo mercado en importancia en el planeta. Después viene Brasil. “Luego Venezuela, donde somos sorpresivamente fuertes a pesar de la difícil situación”, dice Johnson. A junio de este año, Ecuador y Perú ocupaban el cuarto y quinto lugar, respectivamente. Por lo pronto, la región cuenta con un total de 60.000 distribuidores y representa el 14% de las ventas totales de la compañía, que en 2009 sumaron US$2.400 millones.