Si los colombianos leen poco (1,6 libro por año), los bogotanos abandonan a los pocos párrafos. Según la Secretaría de Cultura los capitalinos “fatigan” literalmente apenas  1,2 libro anualmente. ¿Qué diría Jorge Luis Borges? Al menos existe un grupo de bogotanos que devora cinco obras en el mismo lapso. Se trata de los más de 40.000 usuarios de los Espacios de Lectura no Convencionales de la Fundación para el Fomento de la Lectura, FUNDALECTURA, que han convertido a los “Paraderos para libros Paraparques” en 51 pequeñas bibliotecas situadas en lugares recreativos abiertos, que ya son una marca visual de Bogotá. A esta iniciativa se unen siete “Biblioestaciones” en el sistema de transporte masivo Transmilenio, y otras nueve en las plazas de mercado. Y ahora, han comenzado la estrategia de ubicar los textos en  hospitales,  en donde se inició con la presencia de dos de estos “paraderos”.

Para Rosio Castro, coordinadora del programa, la lógica es la misma de si Mahoma no va a la montaña, que la montaña vaya a Mahoma: “Si llegas a un parque en donde la gente tiene como actividad principal la recreación, van a tomar la lectura como parte de ella”, afirma.  La idea es insertar el libro en la cotidianeidad.

En total son 25.400 títulos disponibles, no sólo para disfrute en cada uno de los espacios, sino para el préstamo gratuito, excepto en los centros de salud, donde se tienen disponibles para pacientes y sus acompañantes. En los tres primeros casos, el índice de pérdida es sólo de un 2%. Por si fuera poco, en los centros de abastecimiento de alimentos se hace un trabajo especial con los vendedores adultos llevándoles el libro a cada puesto y en los hospitales se lee a los enfermos. Da para escribir una novela.