La idea es brillante: usar el dióxido de carbono derivado de una planta de etanol, proveérselo a algas iluminadas por fibra óptica y con éstas producir biodiésel, alimento para ganado y aceites como Omega-3, de alto valor en el mercado de los suplementos alimenticios. Y no es sólo una idea: en Pernambuco, Brasil, JB –una de las principales compañías productoras de etanol del país– y la austríaca See Algae Technology (SAT) están construyendo la primera planta productora de biomasa originada en algas marinas, que usará variedades convencionales y genéticamente modificadas.

“Creemos que este proyecto marca un paso significativo hacia adelante en la evolución de nuestra compañía”, dice el Dr. Joachim Grill, CEO de SAT, empresa que ha desarrollado el equipo que permitirá que la empresa sea rentable. Hasta ahora, si bien era conocida la viabilidad del uso de algas para generar biocombustibles, el costo no era competitivo con otras fuentes como la caña de azúcar o la soja. De hecho, Grill asegura que el proyecto en curso “valida tanto nuestra tecnología exclusiva, como la viabilidad comercial de las algas, en particular para usarlas como alimentos y biocombustibles”.

Parte del secreto del cambio reside en que SAT desarrolló un sistema de cultivos no en lagunas artificiales al aire libre, sino en reactores de cinco metros de altura, los que se encuentran alimentados por ramas de fibra óptica que trasladan la luz hacia su interior desde un prisma solar. El uso de la fibra permite optimizar el crecimiento de las algas que en las pozas o lagunas suelen crecer únicamente en la superficie, ya que la luz no penetra hacia el fondo. Con el aumento de productividad obtenido, los socios del emprendimiento aseveran que –al producir etanol– pueden reducir los costos a US$ 0,40-0,50 el litro.

Al aporte de la fibra se une la alimentación de las aguas con el CO2 producido por la planta adyacente de etanol de caña, propiedad de JB. Con ambas innovaciones y con una inversión de casi US$ 10 millones, la empresa espera estar produciendo 1,2 millón de litros de biodiésel al año, luego de empezar a operar a pleno a fines de 2013.