Si usted es experto en algo y tiene una corazonada vinculada con ese algo, sígala: Casi con certeza no se equivocará. Es lo que afirma un equipo de investigadores de la Universidad de Rice, la Universidad George Mason y el Boston College, liderado por Erik Dane. Claro, no se trata de confundir los caprichos con el instinto, afirma: “Tareas que pueden ser resueltas por medio de pasos predeterminados, como los problemas matemáticos”, dice, “no son tan propicias para la toma de decisiones intuitivas, como sí lo son las tareas menos estructuradas, las cuales incluyen problemas estratégicos o problemas de recursos humanos”.

Lo interesante es que lo afirmado por Dane, profesor asistente de management en la Escuela de Negocios Jones en Rice, no es una opinión. En el último mes del año dio a conocer el resultado de dos experimentos con los cuales buscó encontrar evidencia experimental generalizable al respecto. En uno de ellos utilizó a 239 estudiantes para decidir si diez carteras o bolsos, de las marcas Louis Vuitton y Coach, eran verdaderas o falsificadas.

Con todas nuevas o casi sin uso, dividió a los participantes en grupos “intuitivos” y “analíticos”. Los del primero tuvieron cinco segundos para decidir, los del segundo dispusieron de dos minutos para establecer una lista de los elementos a considerar para la toma de decisiones y, luego, 30 segundos para aplicarlos. Se consideró “expertos” a los estudiantes que poseyeran o hubieran poseído tres bolsos sumando ambas marcas.

Los resultados mostraron que los “expertos” del grupo “intuitivo” superaban claramente a los no expertos de ambos grupos, pero que los “expertos” de la categoría “analítica” no superaban a los novicios de su propia categoría. Así, para Dane, se prueba que ser experto “en un dominio particular tiene un impacto positivo en su capacidad para tomar una decisión visceral precisa”. Las tripas saben.