Meses intensos se esperan en la gerencia de Seara Foods, una empresa fundada en los años 50 en el sureño estado de Santa Catarina. “En un espacio de tiempo reducido pretendemos duplicar nuestro volumen de ventas”, dice confiado David Alan Palfenier, CEO de la compañía.

La apuesta podría lograrse, según algunos analistas, hacia fines de este año y gracias a las marcas adquiridas a Brasil Foods (BRF). En el marco de la fusión entre Perdigão y Sadia, que dio origen a BRF, la autoridad antimonopolios del país obligó a la nueva empresa a vender algunas marcas para evitar la concentración.  Con ello Seara se hizo de varias líneas de producción y distribución en diversas partes del país, incluyendo aves, margarinas, salames y otros alimentos elaborados.

Otro elemento de la apuesta será subir en la cadena de valor en los mercados externos. Es lo que han venido haciendo con éxito Sadia y Perdigão.  Actualmente Seara vende sus productos en 107 países, pero en apenas 22 llega con marca propia. Recientemente logró hacerlo con Tesco, la tercera mayor cadena minorista a nivel mundial, con presencia en 14 países, desde el Reino Unido a China. El Medio Oriente es otro destino importante. Allí Seara ha invertido  en el desarrollo de distribuidores locales y en campañas publicitarias ad hoc para el Ramadán, el mes de ayuno en la cultura musulmana. “Son clientes muy exigentes”, afirma Palfenier.

Para Seara, América Latina debiera ser su ámbito natural de crecimiento, pero ha enfrentado contratiempos de distinta índole, desde los controles cambiarios y el particular régimen comercial que impera en Argentina, donde “las ventas cayeron por problemas políticos”, según el ejecutivo, a la inestabilidad percibida en Venezuela, donde “opera con cautela”.

COMIDA CARA

En términos generales son momentos delicados para la poderosa industria brasileña de alimentos. Los últimos años vieron la consolidación de tres grandes conglomerados, JBS, BRF y Marfrig, cuyo apetito se extendió fuera de Brasil a una velocidad que se tradujo en pérdidas operacionales y dudas de parte de analistas financieros respecto de su elevado apalancamiento y la necesidad de lograr sinergias de manera rápida. Súmele a esto la apreciación del real y el terco “costo Brasil”, y tendrá un panorama con cierto nivel de preocupación.

A esto se suman el clima y su impacto en los precios de los insumos de la industria. La sequía que el año pasado destruyó parte de la producción de granos en Estados Unidos (la peor desde 1956) ha afectado a empresas como Seara y BRF, particularmente en sus líneas de cerdos y aves. En el caso del pollo in natura, el 70% de los costos de producción corresponde al alimento, mientras que en productos procesados este porcentaje desciende a casi la mitad. Seara, cuya facturación se compone en un 60% de procesados, podría, por lo tanto, ver mitigado el efecto.

En el caso de las carnes de vacuno, las menores lluvias implican una menor oferta de carne procesada y mayores precios. A fines del año pasado Wesley Batista, CEO de JBS, señaló a Bloomberg que la producción podría caer en EE.UU. en un 6% y los precios subir hasta en un 20%, en la medida que los productores de Texas a Nebraska opten más por alimentar sus animales que enviarlos a las plantas de procesamiento.

Diversos analistas estiman que parte del aumento de costos inevitablemente deberá ser absorbido por los fabricantes y otra parte por el consumidor. En el caso de Seara, los precios de sus productos en las góndolas de los supermercados debieran aumentar hasta en un 20%.

El panorama podría complicarse aún más, según José Vicente Ferraz, analista y director técnico de la consultora Informa Economics FNP. Ferraz señala que el suministro de granos podría reducirse aún más, y los precios aumentar, pero por razones político- administrativas, si Rusia sigue el camino de Ucrania en la restricción de sus exportaciones de trigo, en cuyo caso ya no será posible pasarle el costo  total o parcialmente al consumidor.

“Si ese escenario se confirma, el impacto podrá sentirse no sólo en los resultados financieros del cuarto trimestre, sino también en el primero de 2013”, afirma.

MATRIZ COMPLICADA

Seara representa cerca del 70% de la facturación total de su matriz, el Grupo Marfrig.

Hoy Marfrig es un gigante que emplea a 90.000 personas y es el mayor exportador de cerdos y pollos de Brasil. Todo un logro para una empresa fundada recién en 1986 como una simple distribuidora de cortes de carnes para restaurantes en el área de São Paulo, por el empresario Marcos Antonio Molina dos Santos.

Sin embargo, la salud financiera de la matriz deja bastante que desear. El tercer trimestre de 2012 marcó una inflexión en los resultados de Marfrig, de pérdidas por US$ 260 millones (julio-septiembre 2011) a utilidades por US$ 5 millones. Pero un analista que pidió reserva para su nombre señala que hay señales preocupantes. El Ebidta cayó el tercer trimestre en casi US$ 50 millones, algo que no debiera preocupar de no ser por el elevado nivel de endeudamiento. Marfrig debe US$ 4.600 millones; hoy cuenta con US$ 1.400 millones en caja frente a vencimientos de corto plazo por U$ 1.600 millones.

En parte este cuadro financiero se explica por el apetito comprador de la última década, cuando Marfrig (al igual que sus principales competidores) comenzó a adquirir empresas y activos en Argentina, Uruguay, EE.UU. y el Reino Unido,  sin darle la necesaria importancia a la búsqueda de sinergias.

Para salir del entuerto la empresa anunció una oferta primaria de acciones por US$ 550 millones, para reducir el endeudamiento y reforzar la estructura de capital. La decisión fue celebrada por analistas como los del HSBC Global Research, quienes advirtieron, sin embargo, que con ello será necesario un nuevo pacto de accionistas.

Hoy los controladores de Marfrig son MMS Participações S.A., la sociedad de inversiones de Molina dos Santos con su esposa, Marcia Marcal dos Santos, con un 38,5%, y BNDES Participações, con un 12,5%. En todo caso, el matrimonio Santos está acostumbrado a bajar y subir su participación. A fines de 2011, de hecho, llegaron a tener un 45% de las acciones ordinarias, luego que el título cayera un 40% en la Bolsa de São Paulo tras el retiro del fondo de inversiones GWI Asset Management. Ese año la compañía anunció una serie de medidas administrativas, como la consolidación de diversos servicios internos, para reducir costos y recuperar la confianza de los inversionistas.

MOTIVADOS

De momento los números aún no acompañan a Seara, el buque insignia de Marfrig. El Ebidta cayó un 33%, de US$ 216 millones a US$ 150 millones. “Es necesario poner atención en el aumento de costos. Seara contrató más funcionarios y aumentó sus inversiones en marketing”, afirma un analista consultado por AméricaEconomía. Eso además de incrementar de manera generosa sus inversiones publicitarias y de marketing: patrocina a la selección brasileña de fútbol y es uno de los sponsors oficiales del torneo mundial 2014.

Para Ferraz, de Informa Economics FNP, Seara tiene los elementos para crecer con la fuerza esperada (y necesaria para la matriz). “Pero el gran desafío será transformar ese aumento de ventas efectivamente en una mayor rentabilidad del negocio”, enfatiza.

En cualquier caso, en el equipo de Seara hay entusiasmo, en palabras de su CEO. Para sacar partido del aumento de marcas y de capacidad productiva se incorporaron 600 nuevos vendedores, un aumento del 20% y todo un desafío de gestión.

“No basta contratar y colocar nuevos funcionarios en la calle para trabajar. Es necesario crear guiones, saber que un nuevo cliente, como el señor Fernando, de la panadería tal, sólo compra los miércoles. Son muchos, muchos detalles”, explica Palfenier.