Si de naciones emergentes se trata, el arte contemporáneo brasileño no es, ni de lejos, tan requerido o valorado como el de China o Rusia. Michel Serebrinsky quiere que eso cambie. Y pronto. Por eso -a principios de diciembre- gastó US$660.000 en llevar a más de 100 artistas de su país a Miami. ¿Por qué eligió la ciudad imán de Florida? Considerando que la unión hace la fuerza y que, si quiere atraer abejas hay que ir a los campos de flores donde éstas ya acostumbran trabajar, Serebrinsky y su mujer, Ester Krivkin, decidieron montar la primera Brasil ArtFair en paralelo a la Miami Art Week.

También escaparles a los prejuicios. “Empaquetamos a Brasil de una manera bastante sofisticada para huir de los estereotipos más comunes”, dice el emprendedor. Pero siempre considerando que la variedad es una fortaleza: “trajimos un contenido que incluye arte urbano, arte popular, arte contemporáneo más intelectual y la producción de nuestros mejores diseñadores”, agrega.

El negocio de Brasil ArtFair no es sólo llevar el arte que se hace en Brasil a un mercado cada vez más global (además del dominante en las Américas, si no se considera la Bienal de São Paulo). En paralelo busca agregarles “horas de vuelo” a las galerías brasileñas, 15 de las cuales fueron esta vez de la partida. “El sector tiene galerías que participan hace muchos años en las principales ferias mundiales. Sin embargo, hay una cantidad enorme de galerías del mundo entero en otras ferias y una presencia casi inexistente de brasileños en ellas. Por eso es que la Brasil ArtFair es muy importante para el mercado: viene con un know-how y una plataforma que auxilia al galerista en este proceso de internacionalización”. Y, como el mundo tiene ahora más de cuatro esquinas, Serebrinsky adelanta que para el 2014 la apuesta será más ambiciosa aún: “ya tenemos también en nuestros planes ediciones para los mercados europeo y asiático”, concluye.