Cuando se divulgaron en febrero muchos enarcaron las cejas de sorpresa: en el primer mes del año la producción de autos creció 32% en comparación con el mismo mes de 2012 y 7,7% respecto de diciembre. Sin duda un efecto más de las facilidades dadas por el gobierno para promover la expansión económica. Siendo así, a pocos extrañó que las piezas y partes empezaran a escasear. Sobre el punto, Cledorvino Belini, presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos Automotores (Anfavea), dijo que ello se debe a que “algunos segmentos del sector de autopartes no están invirtiendo en la misma proporción” que las fábricas, por lo cual –si los faltantes no aparecen– “tendremos que importar lo que está faltando”.

Problemas del crecimiento, pero que tienen una cara más feliz en otra industria brasi-leña. Una más vistosa, pero a la que se supone menos rentable: el Carnaval. Y también con las autopartes. Es el caso de Paulo Ferraz, mecánico de carros alegóricos desde hace dos décadas. Con la presión y las facilidades que el gobierno ha impuesto para legalizar las actividades económicas, en el 20 lo hizo, creando un negocio en blanco, que se dedica a la mantención de los carros alegóricos y vende partes y piezas. ¿El resultado? Vende el triple que antes. No se trata de un caso aislado. Según una encuesta del Servicio Brasileño de Apoyo al Emprendedor y Pequeño Empresario (Sebrae), en apenas el último año, el número de ellas en el área tan especial de servicios y fabricación vinculadas al Carnaval subió 76% en São Paulo, Rio de Janeiro, Salvador y Recife.

Para Luiz Barretto, presidente de la entidad, el paso a la luz resulta clave: “En este tiempo es fundamental que sea formal. No sólo porque así mejora su relación con la escuela de samba, sino porque también tiene chances en el poscarnaval”.