La estela de los aviones es poética… y caliente. La contaminación con dióxido de carbono (CO2) provocada por los vuelos llevó a una decisión del todo inesperada por parte de la justicia del estado brasileño de São Paulo: la compañía aérea Gol deberá reforestar un área cercana al Aeropuerto de Cumbica, en Guarulhos, el más grande del país.

Todo comenzó con una una acción civil pública impulsada por el Ministerio Civil municipal de Guarulhos contra 42 empresas aéreas nacionales y extranjeras respecto a ese punto. La acción fue rechazada en primera instancia y los querellantes apelaron ante la Cámara de Medio Ambiente del TJ-SP, la cual cambió ahora lo establecido en primera instancia con respecto a Gol. Según el municipio, se intentó negociar previamente unos Términos de Adaptación de Conducta (TAC) con las empresas, ofreciéndoles dos opciones: financiación de un fondo municipal de inversiones para desarrollar tecnologías limpias o recuperar áreas degradadas o plantación de bosques públicos, pero todas las compañías se negaron a firmar un acuerdo de ese tipo. La compensación no deja de ser parcialmente simbólica: un solo vuelo, ida y retorno, entre São Paulo y Rio de Janeiro, emite 34,5 toneladas de CO2, con lo cual el aeropuerto de Cumbica es fuente de 14,4 millones de toneladas anuales de ese gas. Compensarlos requeriría, según expertos, un bosque 55 veces más grande que Guarulhos.