Disculpe la autorreferencia, pero ésta es la 20a vez que realizamos nuestro estudio de Las 500 Mayores Empresas de América Latina. Y cuando uno cumple aniversarios de esta clase (no es menor 20 ediciones anuales consecutivas de un mismo ránking), uno se pone melancólico y dan ganas de revisar el pasado y ver cómo las cosas han cambiado. 

Por ello busqué en el archivo de AméricaEconomía y buceé un rato entre sus ediciones más antiguas para encontrar los orígenes de esta investigación que se ha transformado en referente en toda América Latina.
Y di con una sorpresa. Perdida en la edición N° 34 de AméricaEconomía, la edición de diciembre de 1989, me encontré con un título: “Las 300 empresas más grandes de América Latina”. Una edición extraviada de hace 21 años, de cuando aún no teníamos nuestra unidad de estudios AméricaEconomía Intelligence, y que sentó las bases de la edición especial que tiene en sus manos. Lo interesante es cómo difiere ésa con la actual. El listado está lleno de nombres desaparecidos. Elma. Cadafe. El Hogar Obrero. Somisa. Propulsora. Equitel. Cosigua.

En ese listado de 1989, Pdvsa no existía. Estaba Petroven. La argentina YPF era la cuarta mayor empresa de la región. La brasileña Andrade Gutierrez era entonces la mayor empresa privada de América Latina, con ventas de US$ 2.105 millones. Eran los tiempos en que Vale do Rio Doce y Teléfonos de México (actual Telmex) eran empresas estatales y sus ventas apenas rodeaban los US$ 1.500 millones. Eran los tiempos en que Aerolíneas Argentinas era la más grande operadora aérea de la región. Era un tiempo en que la mexicana Gameza Comercial aparecía con sus US$ 290 millones como la mayor firma de retail de la región.

Entonces, Petroperú aparecía como la empresa con mayores pérdidas de la región, con US$ 1.278 millones. En esa época un tercio de las mayores empresas era estatal. Un tercio eran operaciones locales de las multinacionales extranjeras y sólo un tercio eran privadas de propiedad latinoamericana. Era un período de escasez de dólares y en el que la empresa número 300 del listado, la petroquímica mexicana Petrocel, sólo vendía unos US$ 161 millones.

De esas 300 mayores empresas en 1989, Brasil se llevaba la mayor tajada: 107 empresas eran brasileñas. Un poco más de un tercio. Hoy Brasil se lleva casi la mitad. Lo curioso (hoy en día lo es) es que el segundo país que más empresas tenía era Argentina, con 75 compañías, lo que reflejaba el entonces poderío de las corporaciones de este país sudamericano. Argentina estaba muy por sobre México, que venía mucho después con 44 empresas. Un poco más abajo estaba Venezuela con 34.

Colombia con 20 y Chile con 14 eran los otros dos países que aportaban más compañías. Eran tiempos en que el PIB de Chile apenas superaba al de Cuba y en el que el de México y Brasil se peleaban palmo a palmo el primer lugar entre las economías de la región. Las historias de los países han diferido desde los 90 en adelante y eso se ha reflejado en la representación de cada uno entre las 500 mayores. En un ámbito de mayor competencia es esperable que surjan nuevas empresas y desaparezcan algunas, así como que algunos países tomen la delantera sobre otros.

No obstante, hay algo en que los cambios son casi nulos: el perfil sectorial de estas empresas. Petróleo, electricidad, Minería, Automotriz, Alimentos y Papel/ Celulosa eran los sectores que más empresas aportaban al primer ránking.

Son los mismos que hoy monopolizan el listado de las 500. La conclusión es lastimosa: hoy tenemos empresas más globalizadas, más sofisticadas y más profesionales. Hoy pueden captar recursos en cualquier parte del mundo y atraer a los mejores ejecutivos de todo el planeta. Hoy cuentan con una capacidad de inversión que no se podían imaginar hace dos décadas. Pero seguimos dependiendo de industrias que fueron creadas hace más de un siglo.