Durante 35 años vio nacer a 240.000 bebés, pero se cierra por estrategia financiera. La maternidad del Hospital Santa Catarina en São Paulo, que atiende a 240 partos por mes, se cierra en noviembre próximo para ocupar las instalaciones en algo más rentable. Específicamente en oncología, neurología, cardiología y cirugía digestiva. Se trata de un ejemplo de la tendencia de los hospitales privados en Brasil: elegir nichos específicos de actividad, abandonando zonas que no son el foco prioritario. 

Impulsados por una fuerte expansión en el mercado de la salud suplementaria y un cambio en el perfil epidemiológico de la población, los principales hospitales privados brasileños están reestructurando sus modelos de negocio. 

Invierten en nuevas camas y centros quirúrgicos ambulatorios para ganar escala, mientras definen sus segmentos prioritarios con el fin de obtener una mejor relación costo-beneficio de sus activos y aumentar así la rentabilidad de la operación. 

Según Francisco Balestrin, presidente del Consejo de la Asociación Nacional de Hospitales Privados (ANAHP), decisiones como la adoptada por Santa Catarina siguen una lógica financiera que genera beneficios económicos para el hospital y los pacientes. Para un hospital que invierte en atenciones de alta complejidad, un paciente de baja complejidad no generaría ingresos suficientes para recuperar la inversión. Y para quien paga los gastos, sea paciente o el plan de salud, financiar una infraestructura que no va a utilizar generaría un cobro mayor que el necesario. Por eso, según Balestrin, lo ideal es que cada paciente sea derivado hacia una estructura acorde a su demanda. Mientras tanto, las embarazadas del Santa Catarina buscan donde tendrán sus bebés.

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Hospital en la UTI

Entre los hospitales privados brasileños la inversión en lo que va de 2014 supera los US$440 millones. Un dato que lo explica es que entre 2003 y 2013 el número de usuarios de planes y seguros de salud aumentó de 32 a 50,3 millones. Atender a estos nuevos clientes requiere un esfuerzo equivalente a crear en 10 años toda la estructura de atención hospitalaria de Chile, estimada en 17,5 millones de personas. Pero el sistema crece en el vacío dejado por el declive de la infraestructura de salud pública, que perdió 18.000 camas hospitalarias en cuatro años. Por eso, la Asociación Nacional de Hospitales Privados estima que con el ritmo de crecimiento de usuarios del año pasado (4,6%) serán necesarios US$3.200 millones para la instalación de 23.000 nuevas camas de internación hasta 2016. 

“Para esta tarea, necesitamos urgentemente nuevos mecanismos de incentivos a la inversión”, dice Francisco Balestrin, presidente de ANAHP. Según el ejecutivo, el acceso a financiamiento es una de las principales dificultades que enfrentan los hospitales, ya que los bancos públicos y privados no aceptan las instalaciones del hospital como garantía debido a la dificultad de ejecutar un embargo de bienes. Y las instituciones de desarrollo como BNDES o bancos regionales no cuentan con líneas de crédito específicas para el sector. Otro problema es la barrera legal que existe en Brasil al ingreso de capital extranjero en empresas de salud. Por eso la especialización es un tema de sobrevivencia, afirman en los hospitales.

Para grandes y chicos

En medicina, la especialización en nichos busca mejorar el rendimiento operacional. Como dice Paulo Curi, director general del Hospital 9 de Julio de São Paulo, invertir en tecnología y tener personal clínico especializado crea un círculo virtuoso. “El hospital pasa a ser reconocido por la calidad en sus áreas de experticia, lo que atrae más profesionales calificados, y los pacientes y planes de salud buscan los servicios de la institución en sus áreas de referencia”, comenta. Esto generaría economías de escala, ahorro de costos y un mayor interés de invertir en esos segmentos de referencia. 

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Entre los principales hospitales brasileños, la elección de nichos de especialización se ha guiado por el hallazgo de un cambio en el perfil epidemiológico. Éste se habría generado tanto por el aumento en la edad promedio de los brasileños, como por hábitos más sedentarios y una dieta menos saludable. De acuerdo con el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), el 22,7% de los brasileños entre 20 y 39 años tienen alguna enfermedad crónica. Este porcentaje se eleva al 45% en el rango de 40 a 49 años, 65% entre 50 y 64 años y llega al 79% para los mayores de 65 años. 

De todos modos, algunas instituciones brasileñas hacen malabares para conjugar especialización y atenciones de baja complejidad. La Beneficencia Portuguesa de São Paulo, en 2012, pasó a operar un hospital de 158 camas, el Santo Antônio, en Penha, al este de São Paulo. El objetivo es concentrar allí atenciones de baja y mediana complejidad y la mayoría de las llamadas al Sistema Único de Salud (SUS), liberando así su hospital más grande, el São Joaquim, para el tratamiento preferencial de intervenciones de gran complejidad. De momento estudia ampliar el Santo Antônio a 300 camas. También considera multiplicar el modelo, abriendo hospitales de baja complejidad con atención en SUS, en otras partes de la ciudad. Todo en la medida de lo posible.