En estos días en que China destaca entre los países emergentes y México apenas logra escapar de las noticias negativas, podría parecer un desatino abandonar el país asiático para dedicarle más esfuerzos al latinoamericano. Pero eso es justamente lo que hizo la firma distribuidora de productos farmacéuticos Moksha8, basada en Filadelfia, pero enfocada en los mercados emergentes. 

“Todo el crecimiento en China proviene de productos locales y para un bajo poder adquisitivo, un nivel más bajo que lo que nosotros ofrecemos, además la competencia no es muy abierta”, dice el Dr. Simba Gill, CEO global de la marca, quien también reclama contra la burocracia china. “En cambio México es un mercado de gran potencial en materia de salud y la prueba de ello es que sólo se gasta el 7% del PIB en servicios médicos mientras que en EE.UU el monto es de 14%, así que el potencial de crecimiento invita a invertir”, dice Ayse Kocak, la CEO para México. 

La firma, que dice seguir principios valóricos basados en el budismo, cerró su negocio en China, manteniendo sólo siete de los ocho lugares donde inició operaciones originalmente: Rusia, Turquía, India, Corea, Medio Oriente, Brasil y México. Este último es el puntero, pues tras un año de operaciones, ya tiene una plantilla de 120 empleados y ventas por US$ 150 millones en un portafolio que abarca padecimientos del sistema nervioso central, antibióticos y antiinflamatorios.

Como parte de su plan de expansión, Moksha8 firmó un convenio comercial con Watson Pharmaceuticals, de EE.UU. Dicho convenio trae consigo una inversión inicial para México y Brasil por US$ 30 millones, donde Watson mantiene el registro de sus medicamentos, pero Moksha8 los comercializará. En Brasil tampoco la ven fácil. “Las condiciones para hacer negocios en aquel país no son las mejores, y menos en materia de aranceles a pesar de ser un gran mercado es muy difícil hacer negocios ahí”, dice Simba Gill, respaldando su decisión de escoger México.