Ahora que las ciudades de Costa Rica han entrado por fin al siglo XIX al poner letras y nombres a sus calles y numeración a sus casas y edificios, ha comenzado la nostalgia de cuando un visitante era invitado a cenar a la “casa de tres pisos frente al viejo pozo de agua de Las Luciérnagas”, o tenía que asistir a una reunión en “el nuevo edificio consistorial frente a Palacio”, sin más pista que ese nombre. En las redes sociales emergió una verdadera competencia de direcciones costarricenses increíbles. Una de esas direcciones, posible ganadora de todos los premios, es: “200 metros al sur del árbol donde se estrelló y murió el hijo del presidente”.