El trabajo de hacer reír puede ser noble y, sin duda, no resulta nada simple. Como el de crear leyes. Es probable que las personas en el mundo que puedan realizar ambos estén contadas con los dedos de una mano. 

Dándoles la razón a sus detractores, una de ellas no es Tiririca. El payaso brasileño de 45 años que en 2010 se convirtió en el diputado federal más votado de Brasil está des-ilusionado. Luego de dos años de probar la acción legislativa, anunció que dejará la política en febrero de 2015. ¿Sus razones? “El cargo no da para hacer mucho”, confesó a la prensa. Sí para aprender, agregó: “Estar aquí es estar en una escuela. 

Se aprende a ir por el camino legal y por ‘el otro camino’”. 

Los que no se ríen con sus chistes ni con su gorra característica, comentan que Tiririca no tiene, más allá de sus declamaciones, ninguna vocación de servicio público. Es que el segundo argumento que dio para justificar su futura defección fue lo que verdaderamente le gusta: hacer shows. En especial porque con ellos gana más dinero que con su sueldo como diputado.