“No se trata de evasión fiscal”, dice Lourdes Sola, profesora del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de São Paulo (USP), pero el dato sorprende: los ciudadanos acaudalados de Brasil invierten más dinero en Suiza que los chinos. Según datos del banco central suizo publicados por el diario O Estado de São Paulo, los brasileños tienen repartidos por lo menos US$ 6.000 millones entre Ginebra, Zúrich y otros enclaves financieros del país.
Ésa es la cantidad oficialmente declarada. Según empleados de bancos de Suiza, la cifra real podría ser 10 veces mayor. ¿Qué puede explicar semejante flujo de salida, cuando el país atraviesa por uno de sus mejores momentos económicos en décadas?

“Brasil es, de los países emergentes, el que menor control tiene sobre la movilidad de capital”, explica Sola, “en el momento en que el dólar sube y el capital fluye hacia los países emergentes, se aprecia el real, la gente piensa que el gobierno va a intervenir y esto provoca que el dinero salga del país”.

En contraposición a esta teoría, el profesor Alberto Behrens, de la Escuela de Negocios de la FIA de la misma USP, dice que no se trata de desconfianza: “Puede que estemos ante una situación alarmante, pero no preocupante: el gobierno gasta más de lo que debiera, tributa poco y aumenta la deuda pública”, dice.

Sin embargo, esta entusiasta salida de recursos desde Brasil no es per se perjudicial para el equilibrio financiero del país, y de hecho hasta tiene un lado positivo para las cuentas nacionales.

“El hecho de que entre demasiado dinero y la gente, por ende, invierta en el extranjero porque es más rentable, es positivo para el flujo de capital”, dice Behrens. “Se quita presión al tipo de cambio”.