A los venezolanos les gusta la cerveza. Tanto que sus tasas de consumo per cápit, pese a que vienen cayendo desde hace dos años, se mantienen como las más altas de la región. Y por lejos. Por ello, no es de extrañarque los grandes jugadores cerveceros de la región hayan estado desde hace tiempo buscando la manera de entrar en este mercado que con sus 2.000 millones de litros anuales es el tercero más grande después de Brasil y México.

El obstáculo principal fue siempre la situación política: los jugadores locales, liderados por Cervecería Regional, de Gustavo Cisneros, y Grupo Polar, de Lorenzo Mendoza, tienen suficientes problemas en sus enfrentamientos con el gobierno, y son frecuentes las amenazas por parte del presidente Hugo Chávez de que pronto sus empresas serán nacionalizadas.

Para los grupos extranjeros el escenario político no era atractivo, “a menos que seas un brasileño”, como dice un analista local que solicita no dar su nombre. “Chávez depende del apoyo de Lula y Lula ha sido explícito en apoyar a las empresas brasileñas en su expansión internacional”. Ésa es la reflexión que deben haber llevado a cabo los ejecutivos de la cervecera brasileña Ambev que decidieron integrar sus operaciones en Venezuela, donde operan desde 1994, con las de Regional.

Según un comunicado de Ambev, Regional tendrá una participación de 85% en la nueva empresa, mientras que Ambev tendrá el 15% restante, pudiendo ampliar a 20% en los próximos cuatro años. Las sinergias no son sólo operativas: mientras que la presencia reduce el riesgo de expropiación a Regional, la venezolana puede facilitar el manejo financiero en el país protegiéndolo de las dificultades del tipo de cambio, lo que complicaba la remesa de utilidades para la unidad local de la brasileña.