En 2012 el flujo de capital foráneo en Colombia sumó US$ 16.684 millones y muchos descorchan champaña: la cifra citada escala US$ 1.651 millones por encima de la registrada en el 2011. Para el gobierno esto significa que Colombia se sigue consolidando como uno de los países de América Latina más atractivos para la Inversión Extranjera Directa (IED), pero una lectura de las cifras atenta revela que tiene una cojera nada menor, ya que la inversión se sigue concentrando en el sector de hidrocarburos.

Catalina Silva, analista de Renta Fija de la compañía Profesionales de Bolsa, observa que “desde el 2003, cuando se creó en Colombia la Agencia Nacional de Hidrocarburos, cada vez más empresas se reúnen alrededor de las que ya tienen los permisos para explorar y explotar, y no hay creación de nuevas compañías”. Añade que “el sector minero energético pesó en el 2011 un 81% y en el 2012 un 80%. Lo que significa que otros sectores de la economía siguen sin recibir mayor inversión”.

El informe del BR revela que la IED directa y suplementaria en otros sectores, en 2012, fue de US$ 3.332 millones, con un aumento del 19% con relación a los US$ 2.792 millones que se recibieron el año anterior. En lo que sí hay diversificación es en la proveniencia de este capital. A diferencia de hace unos años, en que la IED provenía mayoritariamente de Estados Unidos, hoy llega a Colombia desde Chile, Brasil, Panamá, Holanda e Inglaterra.

El peligro es que, si esta tendencia a focalizarse en hidrocarburos se extiende en el tiempo, puede producirse el fenómeno llamado “efecto desplazamiento” o crowding-out: la industria beneficiada aspirará la mano de obra calificada del país, utilizará tecnología de alto nivel, pagará sueldos muy superiores a los del resto de las industrias y se convertirá en una economía de enclave.