Ciudad de México. Pocos envidiaban a Grace Lieblein a fines de 2008. No sólo se hacía cargo de una empresa colosal (está en el lugar 32 en el ránking de Las 500 Mayores Empresas de América Latina de AméricaEconomía) en un sector tradicionalmente masculino. Además, General Motors se acogía en Estados Unidos a las leyes de bancarrota y las ventas caían en picada debido a la recesión. Lieblein debió tomar las riendas con mano firme. De inmediato impulsó un plan de ahorros, que incluyó despedir a cientos de trabajadores y aplicar un programa de “paro técnico” que, con apoyo fiscal, permitió seguir pagando los sueldos en algunas líneas de producción.

“No te puedo decir que llegar aquí fue fácil, pero fue trabajando en lo que amaba, así que ha sido una gran experiencia”, señala Lieblein, una ingeniera industrial nacida en Los Ángeles, California, de padre cubano y madre nicaragüense.

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Pese a que en 2009 perdió frente a Nissan el primer lugar en automóviles producidos para el mercado doméstico mexicano, GM sigue siendo el principal exportador, así como el número uno en producción y exportación de autopartes. Además, las malas cifras de 2009 están comenzando a revertirse. El año pasado la compañía facturó US$ 11.485 millones, una caída de 4,5% frente a 2008.

Lieblein lleva a GM en las venas. Su padre trabajaba en una planta de ensamblaje en California y la convenció de estudiar ingeniería industrial en el Instituto General Motors, hoy Universidad Kettering. Su primera práctica la hizo, obviamente, en la planta californiana. Ya titulada, ingresó al programa de ergonomía de Oldsmobile.

Con una maestría en la Universidad Estatal de Michigan, ocupó diversos puestos dentro de la compañía. La revista Hispanic Business la destacó en varias ediciones como una de las 50 mujeres de negocios hispanas más importantes de Estados Unidos. Lo propio hizo, en su ámbito, la Hispanic Engineer e Information Technology Magazine.

Con experiencia directa en dirigir el desarrollo de productos automotores, Lieblein es una ejecutiva que conoce el sector como pocos, aunque es conocida por su humildad. “Ahora en México también estoy aprendiendo mucho”, señala. “Creo que la clave para crecer en una compañía es estar enfocada en tus metas y comprometerte con las prioridades de la empresa”.

La prioridad absoluta ha sido superar la crisis. Gracias a una reestructuración de la producción y una creciente diversificación de mercados, 2010 pinta para ser un año mucho mejor. En mayo GM obtuvo su mejor participación de mercado en lo que va de este año: 20,2%, con 12.928 unidades vendidas.

Si bien los principales mercados aún no recuperan sus niveles de venta de hace dos años, la producción prácticamente se ha duplicado gracias a las exportaciones al resto del mundo. Las ventas acumuladas del año suman 60.850 unidades, lo que ya equivale a casi toda la producción de 2009.

Pese a que con la reestructuración global, GM México ahora forma parte de la división de América del Norte, uno de sus mercados más promisorios es América Latina.

“Exportamos nuestros productos a países como Chile, Brasil y Argentina”, dice Lieblein. “La región está en crecimiento y se convertirá en una potencia importante dentro del mercado global”.

La industria automotriz mexicana representa 17,3 % del PIB manufacturero, provee 1 millón de empleos directos y generó US$ 17.000 millones en exportaciones en 2009. Su recuperación es, por lo tanto, clave para la reactivación de la economía. “Tenemos gran potencial de crecimiento”, dice, y agrega: “Siempre y cuando se impulse un programa gubernamental para fortalecer el mercado doméstico.”