Los críticos de los defectos o límites del modelo chileno suelen enfocarse en la desigualdad de acceso a la salud y la educación, en las ineficiencias de acción y supervisión de su aparato estatal o en las condiciones laborales, caracterizadas por muchas horas de trabajo y productividad estancada. Rara vez se habla de otro elemento central en las economías modernas: las tasas de ahorro. Y, dentro de ellas, del ahorro de las personas. Tal vez es por no hablar de sogas en casa del ahorcado: “Sólo el 5% de los chilenos puede ahorrar. Y una sola vez al mes”, dice Rodrigo Sainz. De hablar alto y con entusiasmo, intenso e iconoclasta, Sainz martilla un dato más: “El 50% de los chilenos gana hasta $500.000 (US$750) líquidos” mensuales. Para este ingeniero comercial y máster en Finanzas, lo que dice tal cifra es lapidario: “lo real es que la gente gasta todo y llega en cero a finales de mes”. Él quiere cambiarlo con una app.

Cuando lo explica, Sainz posee el tino de un evangelizador. O sea, los eufemismos y diminutivos no van con él. En las oficinas de su startup madre “mifutu.ro”, creadora de la aplicación “mimolido”, en Santiago de Chile, las habitaciones están despojadas de todo lo que no sean PCs, programadores-diseñadores, papers de economía y finanzas, y libros de cosmología. En el segundo piso, un balcón recorre la fachada trasera de la casa, y hasta ella salta, desde el jardín, una parra de vid. Es el lugar donde los integrantes del proyecto salen a fumar y compartir algún diálogo relajante, que ocurre bajo el eco de una campana virtual que repica cada vez que alguien baja la app “mimolido”, con la cual este ex trader quiere “sacar a los humanos de entremedio” y universalizar el ahorro, haciendo didáctica masiva de la inversión.

Abrir el juego

Sainz parte de un diagnóstico correcto. Los pocos chilenos de clase media hacia abajo que ahorran suelen hacerlo en “cosas”: un terreno, alguna joya, muy pocos en intangibles como activos financieros. “Muchos chilenos me dicen que el sistema financiero es para los ricos. Los no ricos pueden entrar al sistema, pero las comisiones y cobros por servicio son tan altos que consumen las ganancias y los intereses que una cuenta pequeña puede ganar.  De tal manera que la rentabilidad neta después de comisiones es poca o nula”, comenta en Shanghai, John Edmunds, profesor de finanzas del Babson College en EE.UU. Y agrega que “esa percepción puede ser correcta, porque las comisiones tienen un componente fijo y un componente variable. Para una cuenta pequeña el componente fijo pondera más, y  para una cuenta grande el componente fijo pondera menos. De esa manera la estructura de comisiones resulta ser una barrera no intencional”.

Detalles más, detalles menos, lo cierto es que “el público sabe que ello le da mejor rentabilidad a las cuentas más grandes. Por eso los ricos se hacen más ricos y los pobres no pueden romper el techo de ladrillo”, dice Edmunds. Para él, “mimolido” tiene, además, la virtud de ayudar a moderar otro problema chileno y regional: las inhibiciones del clasismo. “Alguien descarga la aplicación, en vez de entrar a un banco y tener que lidiar con alguien de clase alta”, que no siempre le ofrecerá la mejor opción de costo/beneficio.

“Nosotros creemos que nadie es tonto”, dispara Sainz. “¿Quién te enseña que tienes que comprar activos? Toda la educación financiera es que te enseñan a comprar pasivos”, agrega. De hecho, lo anterior es válido para los pocos a los que les enseñan algo. Las grandes mayorías ni siquiera saben qué hacer si tienen ahorros. Para él, “mimolido” es el primer escalón del aprendizaje. La app opera detectando cuándo se hace una compra en un retailer usando una tarjeta de crédito o débito, y pide autorización para redondear la cifra.

Simple. Si alguien gasta $2.700 desde su cuenta corriente o cuenta rut, la aplicación sugiere ahorrar $300 y tranferirlo a una cuenta de ahorro. Cuando esos “restos”, “vueltos” o “cambios” suman $5.000, avisa a su propietario y habilita la posibilidad de transferirlos a un fondo mutuo de money market (hay una versión donde el proceso no es automático y es iniciado sólo a voluntad del usuario). Cero comisión para “mimolido”.

“Ya llevamos más de 10.000 descargas. Tenemos más de 2 mil de los que lo hicieron que están recogiendo su ‘molido’ y transformándolo en ahorro. De aquí a cuatro meses queremos llegar a 40.000, y a fin de año a 100.000”, dice Sainz. No es un éxito arrasador por el momento, pero de todas formas ha hecho ruido en el mercado local. “Nos llamaron cuatro instituciones financieras, una AFP, dos bancos y una institución de ahorro”, cuenta el emprendedor. “La verdad, decidimos continuar el camino propio, que es lo que estamos haciendo: expandirnos sin la necesidad de generar acuerdos con instituciones financieras que nos digan qué tenemos que hacer o diseñar. Hacemos lo que nosotros creemos: disminuir los costos de transacción. Que tiendan a cero”.

Pero si son realmente cero, ¿cómo se financia “mimolido”? “Luego que cerramos el último aumento de capital, el modelo de financiamiento de la compañía es a través de dos fuentes: uno es la venta de nuestros productos premium, que son plataformas de análisis fundamental, y llegar con high frecuency trading a tomar posiciones de entrada y salida de los activos”. Los clientes de la startup “son las universidades y los traders privados premium”, y en ellos se basa su estrategia para generar su flujo de caja.

“Estamos programando la entrada a Brasil, y allí es donde vamos a buscar a nuestro primer socio institucional, que sería un venture capital fund, en São Paulo”. La apuesta brasileña es con todo. Luego de generar todos los códigos de programación para operar allá de mayo a agosto, “nos deberíamos trasladar con todo el equipo a Minas Gerais, donde podamos estar operativamente cerca tanto de Río de Janeiro como de São Paulo”. Brasil será todo el resto del 2016 y el 2017. Luego vendrían Perú y Colombia.

Edmunds recuerda que “mimolido” como concepto no es completamente original. En EE.UU. el Bank of America tiene “Keep the Change”, un producto que ofrece un servicio base similar. Lo original, indica el académico, es la parte educativa, que busca “quitarle el misterio a todo el proceso” y poner en marcha un pequeño mecanismo de igualdad. Para él, “el sistema (en Chile) hizo tantas promesas que no ha cumplido, que todavía están en el aire. Por eso ‘mimolido’ puede ser relevante”.

Pero el que chilenos y latinoamericanos puedan convertirse en inversores de sus ahorros y tomar riesgos, ¿no nos expone a crear un grupo que, como en China, juega todos los días a la ruleta de la Bolsa? “Los chilenos son mucho más sofisticados y mucho más escépticos que los chinos, y la información financiera de Chile es más precisa y más oportuna. Hacer trading sobre la base de información privilegiada es castigado, y castigado severamente”, contesta. En China, “ellos no tienen esa información fiable y tampoco tienen mayor conocimiento de la contabilidad, la macroeconomía, etc. En su lugar, se basan en inside information, rumores y pools para manipular los precios”.

Para Edmunds, lo clave es que “mimolido” no ofrece el servicio de especulación con apalancamiento. Eso es lo que es muy peligroso. “En EE.UU., en 1929, por ejemplo, se podía comprar con apalancamiento 9 a 1. Esa fue la razón del por qué el colapso fue tan grave”, dice.

Casi un siglo después, “Chile es una economía financiera lo suficientemente madura para tener inversores individuales que manejan algo de su propio dinero, junto con administradores profesionales que a veces son demasiado prudentes”, remarca. La ironía es que los “profesionales” son más cuestionados que nunca en Chile. Desde el caso Cascadas del 2015, al de Alberto Chang y el grupo Arcano este año, con estafas a inversores institucionales, en el primero, o a ahorristas privados con un esquema piramidal, en el segundo, vuelven a poner en la mente de los chilenos que los profesionales de las finanzas sólo quieren enriquecerse. Edmunds se lamenta: “Ese Chang hizo pipí en el pozo, como se dice en Centroamérica. Al parecer fue un tipo inteligente que se pasó al lado oscuro”. “Mimolido” jamás toca una moneda de sus usuarios, nunca podría hacerlo, se enorgullece Sainz.