Con el desempleo acercándose a los 2 dígitos y con una población casi sin ahorros, la empresa de la sopa inmortalizada por Andy Warhol –aquella lata rojiblanca serigrafiada por el artista– añora días mejores en EE.UU. Durante los nueve meses de su año fiscal (los estadounidenses lo desacoplan del año cronológico) las ventas locales de sopas de The Campbell Soup Co. cayeron un 5%. En declaraciones a la prensa de su país, la nueva CEO de la empresa, Denise Morrison, ha reconocido que los consumidores “aman la sopa, pero muchos de ellos no conectan con nuestros productos”. Por ello la empresa se apresta a una ofensiva audaz: cambiará la receta de 46 de ellas y lanzará 27 nuevas, revirtiendo, además, su política de desalinizarlas.No sólo eso, Morrison dijo que buscaría ampliar su presencia en Asia y Latinoamérica mediante partnerships o compras de empresas.

En la región Campbell no es desconocida. De hecho –según cifras de Euromonitor– tiene el 11,2% del mercado total, ocupando el tercer lugar detrás de Unilever Group (29,2 %) y Nestlé (31,2%). El mercado total de sopas, si bien es respetable, palidece frente a otros alimentos, y fue de US$ 957 millones en 2009.

No obstante, la tendencia es al alza. En 2010, las ventas escalaron a los casi US$ 1.267 millones. Y con el surgimiento de nuevas clases medias en países como Brasil y Perú su techo no está fijo. Siempre que sean tan sabrosas como para convencer hasta a Mafalda.