Parece mentira: mientras el mundo se solaza y revive el monstruoso tema de la esclavitud a través de los films Django desencadenado y Lincoln, en Colombia las mujeres que poseen más melanina en la piel  siguen sin tener todos sus derechos laborales, especialmente si trabajan en el servicio doméstico. Cansadas, un grupo de mujeres de la ciudad de Medellín crearon el Sindicato de Mujeres Afrocolombianas del Servicio Doméstico. “A pesar de las leyes, trabajan más de 10 horas, reciben mucho menos del salario mínimo legal, no tienen seguridad social y mucho menos vacaciones remuneradas”, asegura Ramón Perea, de la ONG Caramandú, quien junto a la Escuela Nacional Sindical apoyan la iniciativa.

No existe registro de otro sindicato que agrupe a estas trabajadoras. Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), son más de 750.000. De ese total, el Ministerio de Trabajo reportó que en el 2011 sólo 13,5% estuvieron afiliadas al sistema de salud; 12,8% cotizaron a Pensiones y 9,1% a Riesgos Profesionales.

“En Colombia aún existe la asociación del color de la piel con la esclavitud y mucho más en este oficio”, dice Rosa Hernández, miembro del sindicato.

Al menos, encontrarán un entorno legal favorable. El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, ratificó, el pasado 26 de diciembre el convenio de  la Organización Internacional del Trabajo, OIT, que amplía la protección a los hombres y mujeres que trabajan en servicios domésticos, evita los abusos laborales, define la edad mínima para trabajar y establece las condiciones que deben tener los contratos. A honrarlo.