Todo ahorro vale a la hora de comprar un inmueble. ¿Pero qué pasaría si además de una cuenta de ahorro se pudiese utilizar una moneda virtual? Esto que parece ficción ya es posible en Brasil, donde el polémico bitcoin dejó de circular únicamente en internet y ya es aceptado en más de 100 locales en todo el país. Se trata no sólo de bares, restaurantes y boutiques, sino también de clínicas veterinarias, oficinas de abogados y, sí, corredoras de propiedades. Según Coinmpa.org, sitio que registra todos los locales que aceptan bitcoin, a nivel mundial hay 8.500 espacios que operan con la moneda.

La pregunta, considerando el origen y el funcionamiento del bitcoin, es por qué lo hacen. Se trata más bien de una apuesta de imagen y relación con los clientes que una preocupación por nuevos medios de pago. “La innovación forma parte de nuestra empresa, y veníamos prestando atención al bitcoin hace algún tiempo”, explica Marcelo Tacla, analista de márketing y ambientes digitales de Tecnisa, una constructora que decidió aceptar bitcoins. Claro que con un nivel de riesgo calculado: sólo aceptan pagos de hasta R$100.000 (unos US$50.000), y sin mayores expectativas de que la moneda virtual implique un aumento de ventas. “No vamos a tener un aluvión de ventas por el bitcoin, pero usarla fortalece nuestra marca y nos estamos preparando para una etapa posterior”, afirma Tacla. “Cuando el bitcoin se consolide, muchos recordarán que Tecnisa fue de los pioneros”.

Mina de bitcoin

Uno de los obstáculos para el avance del bitcoin es su alta volatilidad. Es tal que se puede incurrir en pérdidas cuantiosas en cuestión de horas. Cuando salieron las primeras monedas al mercado valían US$0,9 y, apenas un año después de su creación, este valor se había multiplicado casi por 100. Pero fue a partir de 2013 cuando el bitcoin rompió récords. Entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2013 aumentó un 5.800%, saltando de US$13 a US$782.

Todo esto tiene que ver con su naturaleza o, si se quiere, el algoritmo. El bitcoin fue creado en 2009 por un grupo de programadores japoneses encabezados por el misterioso Satoshi Nakamoto, cuya verdadera identidad no ha sido nunca confirmada. Buscaban un medio de pago libre de cualquier control estatal y para ello desarrollaron un código criptográfico que ganó estatus de moneda. Pueden emitirlo aquellos que puedan resolver complejísimos problemas matemáticos, que equipararon a un yacimiento minero. El que resuelve estos problemas matemáticos (que se van renovando), pasa a ser dueño de un bitcoin. En la actualidad se liberan apenas 25 bitcoins por hora mediante este mecanismo. El algoritmo contempla un límite de 25 millones de bitcoins en circulaciónen los próximos 15 años.

Los que no tengan las herramientas y el conocimiento para extraer bitcoins de “la mina” sólo tienen una alternativa: comprarlos. “La adquisición de bitcoins equivale a una inversión, pues es atractivo sólo para aquellos que están acostumbrados a la volatilidad”, afirma Safiri Felix, director de finanzas de Coinverse, empresa dedicada a la compra y venta de bitcoins y a la gestión de carteras. “Desde el punto de vista del nativo digital es una nueva forma de relacionarse con el dinero”.

La diferencia del bitcoin con cualquier otra moneda es que nadie controla la emisión. Los bancos centrales hacen esto con las monedas nacionales en función de evitar una devaluación catastrófica o una revaluación inconveniente. Las inconsistencias de corto plazo con variables como el flujo de capitales o el comercio de exterior son rápidamente aprovechadas para el arbitraje. Pero con el bitcoin esto no es tan claro.

Activo financiero

“La baja confiabilidad del bitcoin es un mito. La moneda es inestable porque tiene baja liquidez, pero mientras más lo utilicen las personas, esta volatilidad tenderá a bajar”, afirma Flavio Pripas, CEO de Bitinvest, empresa que se dedica a la compra y venta de bitcoins y socia de empresas que desean insertar la moneda en sus sistemas de pagos. En Brasil unas 70.000 personas utilizan bitcoin. A nivel mundial son casi 2 millones.

Quien desee usar la criptomoneda en su negocio deberá aplicar estrategias de márketing capaces de atraer no sólo al converso, sino al interesado y al curioso. Ése fue el camino elegido por Coinverse, que comenzó su operación de compra y venta de bitcoins a través de un cajero automático. Luego se extendió a operaciones en línea. “Nuestro plan de ingreso fue diferente al convencional. Decidimos traer el ATM para crear instrumentos familiares para el usuario”, afirma Safiri Felix, director financiero de esta startup. Felix afirma que el cajero automático permite a las personas un primer contacto con el bitcoin mediante una herramienta cotidiana. 

Empresas como Coinverse y Bitinvest operan como verdaderas casas de cambio, ofreciendo cotizaciones, compra y venta de bitcoin y administración de las carteras virtuales. Bitinvest trabaja además como puente entre las empresas que quieren hacer operaciones con bitcoins sin el riesgo de ser sancionadas por la autoridad monetaria.
Es una preocupación razonable. La Fed estadounidense permitió el uso del bitcoin, pero anunció que regulará su uso en 2015, lo que podría servir de marco para que otros países sigan el ejemplo. China definitivamente prohibió el uso del bitcoin y congeló todas las cuentas de empresas que operaban con él.

En Brasil no existe regla alguna para el uso del bitcoin, pero el Banco Central y la Tesorería Federal han dictado reglamentos y disposiciones. “Aunque el uso de las llamadas monedas virtuales aún no haya mostrado riesgos significativos al sistema financiero nacional, particularmente en las transacciones y pagos detallistas, el Banco Central viene acompañando la evolución de la utilización de estos instrumentos y las discusiones internacionales sobre la materia”, informó, en su lenguaje tradicional, el BC a comienzos de 2014. De hecho la Tesorería no considera el bitcoin como una moneda, sino como un activo financiero. Para la Tesorería, los brasileños que posean más de R$1.000 (US$500) en bitcoins deben informarlo en su declaración de impuesto a la renta.