Unos días después que Cristina Fernández fuera reelegida como Presidenta hubo una corrida bancaria. Pese a que CFK había ganado por amplia mayoría, la banca privada apostó porque el dólar se cotizara a 8 pesos, el doble de lo que estaba en ese momento. Esa corrida la recordó a principios de junio el viceministro de Economía, Axel Kicillof, cuando explicaba el modelo de la nueva YPF pública. Poco después le tocó disipar nuevos rumores de devaluación y pesificación de la economía argentina. “Eso es todo verso, eso es todo mentira, eso no tiene ningún gollete”, dijo con su habitual estilo combativo en una conferencia de prensa.

Pese a las declaraciones, algo estaba pasando. Para la época de la corrida bancaria el gobierno dispuso restricciones a la compra de dólares, situación que con los meses se fue agravando. Según la revista Fortuna, los depósitos en moneda extranjera del sector privado a esa fecha eran de US$ 12.100 millones. En Argentina existe una costumbre de ahorrar en dólares, pero esta capacidad sólo la tiene el 25% de la población. Antes que se endurecieran las restricciones, los ahorristas habían retirado más de US$ 1.000 millones; de hecho en el mismo día de las declaraciones de Axel Kicillof sacaron US$ 180 millones, completando una semana con retiros por U$S 600 millones.

Para dar un contexto más amplio, las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) alcanzaban al 8 de junio de este año los US$ 47.737 millones y vienen disminuyendo desde mayo de 2011, cuando llegaron a un tope de US$ 52.060 millones. Desde esa fecha la cotización de la moneda estadounidense ha venido en alza. Se movió de los 4,08 pesos a los 4,48 pesos, una variación de 9%, casi calcada de la inflación oficial de 10% entre mayo 2011 y mayo 2012. Sin embargo, en Argentina lo oficial se mira siempre en el espejo ampliado de la calle.

¿Desaceleración o crisis?

Según Gustavo Genoni, profesor de finanzas de la Universidad Tecnológica Di Tella, “el dólar blue (no oficial) no es ni por lejos el dólar de equilibrio; la devaluación del dólar oficial debería ser mucho mayor”. Esta disparidad en un principio fue adjudicada a la inflación; hoy se habla derechamente de desaceleración de la economía. El Banco Mundial estimó un crecimiento para este año de sólo el 2,2%, lo que representa una caída de seis puntos en relación al año 2011. “El enfriamiento argentino”, afirma Genoni, “se debe en principio, pero no exclusivamente, a cuestiones domésticas. Las trabas al sistema productivo (distorsiones en precios relativos, falta de seguridad jurídica y de información confiable para evaluar riesgos, imposibilidad de importar insumos críticos) y el constante desaliento a la inversión implícito en el discurso oficial empiezan a tener un impacto significativo en las cantidades de bienes producidos y en las de exportados”. Por el momento el país todavía se beneficia de precios históricamente altos para los commodities como la soja.

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Un reciente informe del Banco Mundial, emitido por Andrew Burns y Theo Janse van Rensburg, señaló que “la balanza de cuenta corriente se deteriora pese a los crecientes controles (como la eliminación a cualquier acceso automático al mercado de cambios y la introducción de aranceles a los bienes de capital)”. Y esto, como indica Gustavo Genoni, se debe también a que Argentina no tiene acceso al crédito internacional. Si el stock de reservas es finito y el atraso cambiario sólo puede generar mayores déficits de comercio exterior, “los inversores enfrentan sólo la incógnita de cuándo se devaluará”.

Miguel Braun, director ejecutivo de la Fundación Pensar (vinculada al PRO de Mauricio Macri), señala tres factores que explican las últimas decisiones cambiarias: pérdida de competitividad, necesidad de dólares para importar energía (cerca de US$ 12.000 millones este año) y lo que él denomina como una “creciente caminata contra el peso”. Estos tres factores trajeron como consecuencia “la ‘estanflación’: estancamiento con inflación. Las trabas al dólar han paralizado el mercado inmobiliario y las restricciones a las importaciones redujeron la inversión. Un 35% interanual cayó la importación de bienes de capital en abril, y la inversión total, un 16%”.

Agustín D’Attellis, de la agrupación La Gran MaKro (vinculada al ex ministro de Economía Roberto Feletti y al actual vicepresidente de la República, Amado Boudou), reconoce que la economía argentina vive una desaceleración, pero recuerda “el contexto de profunda crisis internacional (que se extiende en el tiempo) y de desaceleración de las economías asiáticas y en particular de Brasil (nuestro principal socio comercial)”. D’Atellis discrepa con las predicciones del Banco Mundial y estima un crecimiento para 2012 entre el 3 y el 5%.

Lucas Llach, economista y autor de un blog en diario La Nación, habla derechamente de crisis: “No es como las crisis épicas que recordamos (1989, 2001) que destruyen la moneda o el sistema financiero. Pero es una crisis recesiva”. Para Llach en la raíz de todo está la inflación: “Se agrava el problema de atraso cambiario que llevó al control de cambios y de importaciones. Y las expectativas retroalimentan la recesión”.

El gobierno reconoce ciertos hechos: el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, admitió que la “inflación es alta”; y el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) también admitió que hay un freno en la economía, con una caída de la construcción de un 3,8%. Mientras tanto las personas buscan eludir el “cepo al dólar” de distintas maneras. En Mar del Plata un jubilado intentó comprar US$ 10 para su nieto y en Bernal una jubilada hizo algo similar. Ambos presentaron recursos de amparo contra el gobierno y la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Son gestos simbólicos. Lo central, como recuerda Geroni, es que Argentina no tiene una relación financiera con el resto del mundo. Y remata: “Cada cual tiene lo que se merece”.