Un día después que el Congreso estadounidense aprobara el tratado de libre comercio con Colombia, el ministro de Agricultura colombiano Juan Camilo Restrepo, sorprendió con un vaticinio: “Hay que hacer un trabajo rápido para ayudarlos a ponerse a tono, para que esa ducha fría que les va a llegar con los TLC no se les vaya a convertir en neumonía”, dijo aludiendo a los sectores de su cartera que podrían verse afectados.

Las declaraciones de uno de los miembros más respetados del gabinete de Juan Manuel Santos levantaron ampollas incluso dentro del mismo gobierno, pero recordaron que mientras hay sectores que nadan como pez en el agua, otros deberán ponerse el salvavidas para mantenerse a flote en las aguas del libre comercio. La innovación y la planificación serán determinantes, y mucho más para los sensibles. Sin embargo, la implementación de este TLC y los que vienen obligarán a Colombia a redefinir su perfil productivo para concentrarse en donde es competitiva.

El año pasado el 43% de las exportaciones colombianas tuvieron como destino Estados Unidos, con ventas de US$ 16.900 millones y una balanza comercial favorable frente a importaciones de US$ 10.400 millones. Durante los ocho primeros meses de este añao las exportaciones colombianas han ido en incremento, generando un superávit de US$ 4.441 millones.

Según el Departamento Nacional de Estadísticas, entre enero y agosto el 72% de las exportaciones correspondió a combustibles y aceites minerales. El resto son nichos derivados de la generosa naturaleza colombiana: perlas finas, piedras y metales preciosos (8,9%); plantas vivas y productos de la floricultura (5,4%), y café, té, yerba mate y especias con 5,2%.
EE.UU. no será el coloso industrial de hace algunas décadas; hacia Colombia envía principalmente aceites de petróleo o minerales bituminosos, helicópteros y aviones, vehículos de transporte y trigo.

Ganadores y perdedores

Pero las palabras del ministro Restrepo recuerdan que el sector agrícola podría ser uno de los primeros damnificados del TLC. “Las consecuencias serían que se aumenten las importaciones agrícolas y de alimentos en cinco millones de toneladas, implicando el desplazamiento de siembras, cosechas y empresarios del sector en muchas áreas”, dice Álvaro Zerda, profesor de ciencias económicas de la Universidad Nacional.

El arroz y el maíz amarillo se cuentan dentro de los subsectores más sensibles. El acuerdo podría traducirse en la entrada anual de 79.000 toneladas del primero y dos millones de toneladas del segundo.

También impone retos a la industria avícola que será impactada por los llamados cuartos traseros, como la pierna pernil y la rabadilla, de bajos consumos en Estados Unidos y de los cuales entrarán 26.000 toneladas. Según el portal Legiscomex.com, una tonelada de cuartos traseros puesto en el puerto colombiano cuesta US$ 1.100, mientras que una tonelada de producto nacional vale US$ 2.200.

Sin embargo, Marcela Anzola, consultora en comercio internacional, afirma que el sector agrícola saldrá ganando y los sectores vulnerables tendrán tiempo de adoptar medidas, pues la desgravación no será inmediata y, en algunos casos, abarca hasta los 20 años. Incluso los productores de pollos se beneficiarán con la baja de los precios del maíz.

Cabe preguntarse si el flamante TLC es señal de una era en la que Washington se irá retirando paulatinamente de los temas de seguridad interior de Colombia.

“Hay que buscar cuáles son los productos que tienen que fortalecerse”, dice Jorge Tovar, profesor de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes. “Debería haber una recomposición desde cultivos transitorios a cultivos permanentes y producir en lo que tengamos ventajas”.

La lista es larga. La Sociedad de Agricultores de Colombia ve potencialidades de exportación en aceites de palma, etanol y biocombustibles. Otros productos como los tubérculos, las hortalizas y las frutas tienen también expectativas de crecer en el mercado estadounidense. En este último caso Colombia puede ser un fuerte competidor con Centroamérica en piñas y papayas. Además se lograron mejores condiciones de acceso para flores, azúcar, etanol, aceite de palma, cacao y chocolate, hierbas aromáticas, café y algodón. El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo calcula que estos productos generan alrededor del 74% de empleo en el sector agropecuario.

También hay expectativas en manufacturas y servicios. Un estudio de Araujo Ibarra & Asociados resalta 500 productos con potencial exportador a Estados Unidos. Industrias como las de envases y de materiales de construcción (cerámicas para baños y cocinas) llevan años esperando entrar sin aranceles a EE.UU. Lo mismo la de instrumentos y aparatos eléctricos. En el sector textil-confección, que concentraba sus exportaciones a Venezuela y por ello ha tenido un par de años para el olvido, esperan colocar productos como ropa interior femenina, confecciones para el hogar y vestidos de baño.

“En servicios hay un nicho importante para promover los servicios de BPO –con oportunidades para empresas medianas y pequeñas– y de salud como tratamientos para la fertilidad, oncología, cardiología y cirugía bariátrica, entre otros”, muestra el estudio de Araujo Ibarra.

Anzola ve además potencial en servicios de construcción. El experto estima que las empresas colombianas podrían participar en proyectos estadounidenses en Centroamérica. Otro segmento en que Colombia podría ganar fuerza es en el desarrollo de call-centers, aunque hay déficit en personal bilingüe.

Nuevo trato

Los críticos del tratado opinan que su puesta en marcha tendrá impacto adverso para Colombia en términos de balanza comercial. Por el contario, el gobierno asegura que las economías son complementarias y sus cálculos apuntan a que la puesta en marcha del TLC generará 300.000 empleos, aumentará el PIB en un punto en los próximos cinco años y hará crecer la economía entre 0,5 y un punto.

“Ejercicios estadísticos y la evaluación de las experiencias de otros países con acuerdos similares muestran que el saldo neto es favorable para la economía, que termina creciendo más que antes del acuerdo”, dice Mauricio Reina, investigador de Fedesarrollo.

Sí y no. Mucho dependerá de qué tan rápido pueda salir EE.UU. del estancamiento económico en que se encuentra desde 2008. Todo lleva a pensar que la economía estadounidense está sumida en una trampa de liquidez, donde a pesar de las tasas de interés nulas, ni la demanda ni la creación de empleos aumenta. Lo que está claro es que la herramienta utilizada por Washington para equilibrar sus cuentas es la clásica devaluación. Y con un dólar débil las importaciones se resienten. Chile triplicó sus exportaciones a EE.UU. después de firmar su TLC con EE.UU. en 2004. Eso hasta la debacle de 2008-2009. Desde entonces tiene un déficit comercial de casi US$ 2.000 millones con el gigante del norte. El caso peruano es similar. Aunque aún en azul, el superávit comercial peruano cayó de US$ 440 millones en 2009 a sólo US$ 99 millones el año pasado.

Cabe preguntarse también si el flamante TLC es señal de una nueva era en las relaciones entre EE.UU y Colombia. Una en que Washington se vaya paulatinamente retirando de los temas de seguridad interior colombiana y reduciendo, por tanto, su apoyo financiero a los programas de esta área. De ser así la ducha fría se la darán los contratistas de seguridad y las fuerzas armadas.