Sao Paulo. El poder al interior de la estatal petrolera de Brasil se distribuye entre seis directores que se reportan directamente al todopoderoso presidente José Sergio Gabrielli. Desde septiembre de 2007 la directora de Gas y Energía es María das Graças Silva Foster, la primera mujer en llegar tan alto en la mayor empresa del país y la región, un gigante estatal que hasta fines de los años 70 no contrataba a mujeres en cargos de ingeniería.

Para Foster, de 57 años y nacida en Minas Gerais, la explicación es simple: “Lo que Petrobras me ha exigido es conocimiento y estar disponible en todo momento”, dijo en marzo de este año en una entrevista para el blog de la petrolera. ¿Muy simplista? El que prefiera buscar otros motivos, tiene dos alternativas, que no son excluyentes entre sí.

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La complejidad de los negocios que opera una compañía como Petrobras es tal, que sólo una persona con un alto grado de competencia técnica puede llegar a la posición que hoy ocupa Foster. Hija de una empleada doméstica y un vendedor, comenzó a trabajar desde los 10 años para ayudar a su familia. Desde los 24 años, cuando esta ingeniera química de la Universidad Federal Fluminense entró a Petrobras como estudiante en práctica, ha demostrado la determinación y el rigor adecuados para ascender. Durante el transcurso de su carrera realizó además una maestría en ingeniería nuclear en la Universidad Federal de Rio de Janeiro y un MBA en la Fundación Getúlio Vargas.

Ha pasado por varios puestos en la compañía estatal, incluyendo directora ejecutiva de Petroquímicos y Fertilizantes, presidenta y directora de relaciones con los inversionistas en Petroquisa (el brazo químico de la empresa) en 2005, y presidenta de Petrobras Distribuidora, donde llegó en mayo de 2006, destacándose por organizar el mercado de consumo final de biodiésel. Como ha señalado al blog de la empresa, esta experiencia en el rubro minorista del negocio le demostró que en Petrobras “sólo existimos si existe el consumidor; nunca había tenido semejante certeza frente a mis ojos”.

En 2007 asumió la dirección ejecutiva de Gas y Energía. Era un momento crítico para el área, que operaba con números rojos. Era la época en que Brasil vivía la crisis por el abastecimiento de gas desde Bolivia, la que impactó la capacidad de generación de las termoeléctricas. Durante la gestión de Foster, Petrobras apostó por hacer funcionar las centrales con petróleo, invirtiendo además en la construcción de oleoductos y en proyectos de gas natural licuado (GNL). “Esto no es llegar y golpear la puerta; se necesita hacer muchas demostraciones para entrar en este mercado”, ha dicho Foster.

El resultado es que hoy Petrobras tiene planes para doblar su capacidad de generación de energía eléctrica, ya sea como proveedora de gas o a través de la construcción de usinas o comprando participación en nuevos proyectos a través de remates en bolsa. En números esto significa “un incremento de 7.500 megawatts de generación y 35 millones de metros cúbicos de gas natural”, ha declarado la propia ejecutiva.

En enero pasado la división liderada por Foster hizo historia al inaugurar la nueva fase de la planta de Juiz de Fora, la primera generadora eléctrica a base de etanol en el mundo. Aunque más caro como combustible, el etanol permite un ahorro neto de agua y una reducción significativa de emisiones de óxido de nitrógeno y dióxido de carbono, en comparación con otros combustibles.

La confianza en la mano de Foster es tal que en la revisión del plan de negocios de la empresa estatal, el área dirigida por ella es una de las que más recibieron recursos adicionales, saltando de US$ 11.700 millones (2009-2013) a US$ 17.800 millones (2010-2014).

En una empresa del Estado del tamaño de Petrobras, ascender no es sólo cuestión de meritocracia. La otra cara del rigor técnico de Foster es su manejo político. Y en ese campo tiene una madrina importante: nada menos que a Dilma Rousseff, la candidata oficialista a la Presidencia de la República.

Las dos se conocieron en 1999, cuando Rousseff era secretaria de energía del estado Rio Grande do Sul y Foster, una de las gerentas del gasoducto Bolivia-Brasil. Cuando Rousseff ocupaba la cartera de energía y minas, colocó a Foster como secretaria de petróleo y gas y coordinadora interministerial del programa de biodiésel. También dio su aval para que Foster ocupase su cargo actual. Semejante cercanía llegó a generar rumores. Desde hace algunos años el nombre Foster es el más citado para sustituir a Gabrielli en la presidencia de Petrobras.

Para algunos observadores del mercado brasileño, además de empatía, Foster y Dilma comparten un mismo estilo de gestión: son de trato duro y centralizadoras. En entrevistas Foster nunca ha negado tales características, pero también es capaz de reconocer sus propios méritos: es trabajadora y se rodea de un equipo de profesionales competentes que la acompañan en varios de los cargos que acumula, como presidente de Gaspetro (Petrobras Gas S.A.), consejera de administración en TGB (Transportadora Brasileña Gasoducto Brasil-Bolivia AS) y de TAG (Transportadora de Gas Asociada AS). Si su mentora triunfara en las elecciones presidenciales en octubre, nadie sabe cuál será el límite en el horizonte de Foster.

Es más que probable que a ella le importen poco los rumores sobre su cercanía política con Rousseff. Otra característica de esta profesional curtida entre la ingeniería de aguas profundas y los ambientes hostiles de la Amazonía es su concentración. ¿Tecnócrata o política? Marque “todas las anteriores”.