En los últimos años, China asumió la posición de principal socio comercial de Brasil, al volverse el mayor comprador de sus productos, como la soya, el mineral de hierro y la carne. Sólo en 2015, el país asiático superó nuevamente a EE.UU. y Argentina, y aseguró negocios con el gobierno brasileño por US$ 9.630 millones, según el Ministerio de Desenvolvimiento, Industria y Comercio Exterior (MDIC).

Y, desde el año pasado, otro producto de origen brasileño ha atraído las atenciones y las inversiones del gigante de Asia: el fútbol. Con salarios astronómicos, inversiones del gobierno federal y de empresas privadas, China ha fichado a muchos talentos de Brasil, y hoy cuenta con 25 jugadores de ese país en equipos de Primera División.

Desde la apertura del último periodo de fichajes (diciembre a febrero), el campeón brasileño Corinthians fue el club que más sufrió con los millones invertidos por los chinos. El volante Ralf y el mediocampista Renato Augusto se fueron al Beijing Guoan. El número diez del equipo, Jadson, cerró su fichaje con el Tianjin Quanjian, mientras que el defensa Gil acabó contratado por el Shadong Luneng. Otras figuras del fútbol brasileño también hicieron maletas rumbo al país asiático a principio de año: el veterano Luis Fabiano, ex-São Paulo, y el joven Geuvanio, ex-Santos, también fueron seducidos por los clubes de China.

La tendencia no se ciñe sólo al campo de juego. Hasta entrenadores renombrados de Brasil, como Luiz Felipe Scolari y Mano Menezes, además del famoso fisioterapeuta Bruno Mazziotti, ex-Corinthians, partieron a China. Según un estudio anual de Prime Time Sport, empresa de márketing deportivo, los chinos han destinado al “deporte rey” en lo que va de año unos US$ 228,8 millones, 74% más respecto al año anterior. En 2016 fueron superados apenas por los equipos de la liga inglesa (Premier League), que gastaron cerca de US$ 285,64 millones en el mismo periodo.

“Este año está siendo el de mayor inversión que hemos visto de China en cuanto a transferencias en el fútbol. Y la tendencia es que crezcan más en un futuro próximo”, dice el empresario Flavio Pires, quién trabaja con el mercado chino hace 12 años y que fue el responsable del fichaje del mediocampista chino Chen Zizao por el Corinthians.

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Apoyo estatal y privado

Las grandes inversiones de los clubes orientales por talentos brasileños forman parte de un programa del gobierno para masificar el fútbol en China. Electo en marzo de 2013, el presidente Xi Jinping pretende transformar al país asiático en una de las grandes potencias de este deporte. La meta, a largo plazo, es convertir a la selección china en campeona mundial. Actualmente, China ocupa la 93ª posición del ránking de la FIFA, y está encima solamente de países como Islas Feroe, Corea del Norte, Guatemala, Omán, El Salvador, Kenia y Letonia.

Por esta razón, el actual gobierno propuso a grandes empresas privadas y estatales incentivos fiscales, concesiones y hasta áreas físicas para construir campos de juego –en el caso de las constructoras–, e invertir para impulsar el ascenso del fútbol en todo el territorio. Y, así, consiguió atraer empresarios con alto poder financiero.

Los 16 equipos que disputan la élite del futbol chino son controlados por grandes empresas, en su mayoría contratistas. El Guangzhou Evergrande, actual campeón asiático y uno de los principales equipos chinos, por ejemplo, tiene como dueños a los propietarios de la promotora Evergrande Real Estate y del grupo líder en comercio electrónico Alibaba Group Holding.
Las dos compañías son comandadas por dos de los ejecutivos más ricos de China: Hui Ka Yan y Jack Ma.

Otro destacado equipo en los terrenos de juego chinos, el Shandong Luneng, club del técnico brasileño Mano Menezes, es controlado por el gigante estatal de energía State Grid. Por su parte, el Jiansu Suning, que pertenece al grupo minorista de electrodomésticos Suning Commerce Group, con 1.600 tiendas físicas esparcidas por más de 700 ciudades de China, fue responsable de dos de las tres contrataciones más caras del último mercado de fichajes.

Este club compró a los brasileños Alex Teixeira, que jugaba en el equipo ucraniano Shakhtar Donetsk, por US$ 56 millones; y a Ramires dos Nascimiento, del Chelsea de Inglaterra, por US$36 millones.

Entre los dueños de los clubes chinos se encuentran además una marca de carros (Lifan), una red de shopping centers, empresas del rubro farmacéutico y hasta una operadora del puerto de Shanghái.

“En el pasado, cuando China abrió su mercado al mundo, su base industrial estaba enfocada en las exportaciones, con productos fabricados de forma más barata y a gran escala. Ahora, el escenario se ha invertido. China busca que el consumo interno sustituya las importaciones. Y el fútbol ha sido utilizado como instrumento en este proceso [de crecimiento económico]”, explica Helvindo Prisco, catedrático de Economía, Mercados Financieros y Capitales de la fundación Dom Cabral y de Trevisan Escuela de Negocios.

El Estado chino también ha aprobado diversos proyectos para impulsar el deporte. Uno de ellos es la obligatoriedad de la enseñanza del fútbol en el currículo escolar en cerca de 5.000 escuelas en 123 ciudades chinas. La meta a corto plazo es expandir el programa a 20.000 colegios hasta 2017, para formar nuevos jugadores.

Mientras China crea su futura cantera de estrellas, la contratación de jugadores brasileños y de otros países seguirá siendo el foco del país. Se espera –en teoría– que atletas con más calidad técnica eleven el nivel del fútbol chino, llenen estadios y atraigan a más patrocinadores.

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Y es que tanto la selección como los clubes chinos todavía tienen poco reconocimiento mundial. De acuerdo con el sitio alemán Transfermarkt, la Liga China tiene un valor de mercado actual estimado de unos US$375,4 millones, mientras que el campeonato brasileño, por ejemplo, tiene un valor cercano a US$912,6 millones.

La segunda mayor economía del mundo, sin embargo, ya consigue organizar un campeonato de fútbol millonario, cuyos derechos de transmisión televisivos traspasan los US$1.271 millones, mientras que en la tribuna el promedio de público es de casi  22.500 aficionados por partido, frente al promedio de 17.000 personas por encuentro de la Serie A de Brasil, su primera divisón.

La caída del real a su favor

En la pérdida de jugadores de los equipos brasileños también ha tenido que ver la devaluación de su moneda frente a la estadounidense. En 2015, el dólar subió 49% con relación al real, e incluso en algunos momentos llegó a superar el escalón de los R$4, cotización récord desde 1994. Por ello, resultó mucho más barato para los clubes chinos contratar astros brasileños.

“La caída del real contribuyó mucho a este escenario. Hace cinco años, cuando conseguíamos realizar una transferencia de un jugador brasileño para China, con salarios de US$ 300.000 anuales, ya era mucho. Actualmente, con el real devaluado, las ganancias mensuales que ofrecen son cuatro veces mayores. Entonces, resulta imposible que un club de aquí consiga asegurar un pago como el de los chinos”, señala el empresario Flávio Pires.

Considerados los mejores jugadores del campeonato brasileño del año pasado, los mediocampistas Jadson y Renato siguieron las propuestas de los clubes chinos hasta superar ese escalón. El primero firmó contrato para ganar cerca de US$ 433.000 al mes, mientras el segundo cerró el acuerdo para recibir más de US$540.000 al mes.

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El joven delantero Geuvanio, de 23 años, señalado como la relevación del campeonato paulista de 2014, dejó el Santos para recibir €2,7 millones de euros por año (más de US$3 millones).

“La devaluación de cualquier moneda nacional garantiza el flujo de las importaciones de productos, y hace que la economía vuelva al mercado interno. En el fútbol sucede lo mismo. Nuestros jugadores se volvieron más baratos para los clubes de afuera y los equipos brasileños contrataron menos atletas del exterior. Consecuentemente,  los clubes tendrán que invertir más en jugadores que juegan en el país o en las categorías de base”, completa Helvidio Prisco.

Y la invasión china en los campos de fútbol brasileños aún podía haber sido mayor en 2016 de lo que fue. Se da la circunstancia de que la principal liga del gran país asiático limita el número de jugadores extranjeros por equipo. Los clubes sólo pueden tener a seis jugadores internacionales, siete si hay uno de origen asiático.

Dado el complicado contexto económico, ya en 2016 se ha visto una drástica reducción de las contrataciones en los clubes brasileños. Durante el periodo de fichajes casi ningún jugador renombrado de los principales centros futbolísticos europeos, como Alemania, España o Inglaterra, llegó a Brasil. La excepción fue el defensa Henrique, ex-Palmeiras y seleccionado brasileño, que salió del Napoli, de Italia, para jugar en el Fluminense, de Río de Janeiro.

Mientras el fútbol brasileño enfrenta una ‘crisis’, el balompié chino (billetera en mano) busca fortalecerse con ayuda del talento proveniente del país sudamericano, cuna de estrellas como Pelé, Ronaldo y Neymar.