“Sí, nuestra deuda total es de 355.000 millones de euros, pero no es tan grave como la de Italia: ellos piden anualmente casi esa misma cantidad prestada sólo para mantenerse al día con sus obligaciones financieras”. Las declaraciones del ministro de Finanzas de Grecia, Evangelos Venizelos, al Parlamento de su país fueron hechas poco antes que se anunciara el segundo paquete de rescate por US$ 109.000 millones de euros destinado a Atenas.

Envidias aparte, Venizelos tiene razón en una cosa: la bota de Europa patea deudas hacia el futuro en una liga de una magnitud completamente diferente. Señal de ello es su tercer puesto como mercado de bonos del planeta (después de los de Japón y EE.UU.), con el 47% de sus papeles en manos externas. De muestra, tres botones: la exposición a bonos italianos del BNP Paribas es de € 28.000 millones. Le sigue el Commerzbank alemán con € 11.000 millones y cierra el podio el Crédit Agricole que, si revuelve sus bolsillos, encuentra € 10.700 millones en esos papeles.

Para tranquilizar a los inversores Italia lanzó un plan de ajuste fiscal, pero al igual que con Portugal y España– el problema central está no en la enfermedad del déficit, sino en un mal del todo distinto: la productividad. Como si hubieran declarado una moratoria de su inteligencia, los actores económicos europeos se han autoconvencido de que la productividad y competitividad se corregirán por sí mismas, cuando los déficits estén atenuados (y los costos salariales deprimidos).

El economista Alejandro Horowicz, profesor de la Universidad de Buenos Aires, disiente. Se trata de una ceguera tan selectiva como interesada: “Uno de los problemas es que, en Europa, la dependencia de las finanzas públicas es el ingrediente fundamental del negocio de los bancos”. Esto es, obtienen demasiada de su rentabilidad de prestarles a los gobiernos vía el mercado de bonos. “Por eso los bancos han tenido, en esta crisis, un poder de presión, inexplicable de otra forma, sobre los políticos comunitarios”.

De hecho, el “festival de bonos” es realmente continental. La deuda nacional de Francia, sorpresa, es el 90% de su PIB y su déficit fiscal está en el 3% y creciendo. Una solución para ganar tiempo de verdad y financiar la reconversión del sistema productivo de Italia y España, sería crear eurobonos destinados a ello. El problema es que eso podría hacer subir el costo de financiamiento para Alemania de 2,76 a 4,8 (en bonos a 10 años), lo cual significaría pagos extras por € 44.000 millones anuales por su deuda.

Así, de una u otra forma, “el recorrido de esta crisis es con Terminal Berlín”, sentencia Horowicz.