Ismael es taxista en la Ciudad de México y está convencido de que los medios de comunicación en el país jugaron a favor de Enrique Peña Nieto, el candidato del PRI a la presidencia. Asegura que siempre ha sido así. Televisa, que controla el 70% del mercado de la TV abierta, siempre tiene su favorito y ése está del lado del poder.

En la historia del México posrevolucionario sólo ha existido una elección confiable, la del año 2000, en la que Vicente Fox resultó ganador, recapitula el analista político Lorenzo Meyer. Todas las demás han quedado en entredicho y con la profunda sensación en la ciudadanía de que se fraguó un fraude o que por lo menos se movieron hilos para inclinar la balanza.

Ese fantasma recorre el país de nueva cuenta en este 2012. Al miedo al fraude se suma la idea de que las televisoras, pero en especial Televisa, pactaron con el candidato del PRI para llevarlo a la Presidencia de la República.

Los antecedentes que lo comprobarían son básicamente dos: uno es el cable diplomático confidencial 09MEXICO212, filtrado por Wikileaks al diario mexicano La Jornada, y redactado el 26 de enero de 2011 por Leslie Basse, la entonces encargada de negocios de la embajada estadounidense.

El texto dice: “Quizá como nunca lo había hecho en procesos electorales previos, el mandatario estatal está concentrado y ha lanzado proyectos de trabajo en zonas que le pueden aportar votos; analistas y líderes de su propio partido han expresado ante consejeros políticos de la embajada sus sospechas de que está pagando dinero a los medios bajo la mesa para favorecer una cobertura favorable, y también que financia a empresas encuestadoras para que presenten resultados alterando las tendencias a su favor”.

La segunda es lo publicado el 17 de junio pasado en el periódico inglés The Guardian: una serie de documentos que daba cuenta de la “asesoría” contratada por Enrique Peña Nieto a una consultora vinculada a Televisa, y que incluía una estrategia para elevar su imagen y desgastar la del candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador. A Televisa no se la menciona directamente en el Wikileak, y desmintió tajantemente lo publicado por The Guardian. Pero el diario británico volvió a la carga a días de las elecciones con información aún más específica: los nombres, apellidos y modus operandi de Handcock, una unidad secreta al interior de Televisa dedicada a promover a Peña Nieto en todos los niveles, incluyendo redes sociales.

Para la doctorado en Comunicación por la Universidad de Goldsmiths (Londres)Mireya Márquez, “en un país acostumbrado a tanta impunidad, a la escasa rendición de cuentas y al escándalo de lo inmediato, yo creo que lo único que sucedió en el caso de Peña Nieto fue tener la razón moral del asunto, pero difícilmente los escándalos han devenido en una rendición de cuentas, en encarcelamiento o en una dimisión”.

Por su parte, el doctor en sociología política e investigador de la UNAM, John Ackerman asegura que es algo normal que los medios de comunicación tengan un impacto sobre la vida política; el problema es que en México están concentrados en muy pocas manos, sin independencia ni pluralidad.

“Siempre han jugado políticamente. Sí tienen un gran poder; no es poder completo ni total, pero han demostrado que tienen influencia sobre la sociedad y ellos han fabricado a Peña Nieto”, asegura Ackerman. “No hay que perder de vista que el PRI es un partido fuerte, pero la diferencia entre eso y hacerlo presidente se llama Televisa”.

Rumor recurrente

Corría el año 2006 y Santiago Creel Miranda, otrora secretario de Gobernación y delfín del presidente Vicente Fox, había llegado al Senado como premio de consolación tras su intento fallido de ser designado candidato del Partido de Acción Nacional a la Presidencia de la República. Desde la cámara alta negoció dos leyes cruciales para la relación entre los medios y la política: la reforma a la ley electoral y la ley de medios. donde se estableció que los anuncios de radio y TV para las campañas electorales serían pauteados exclusivamente por el Instituto Federal Electoral a través de los tiempos fiscales. Había condenado a las televisoras a pérdidas por miles de millones de pesos.

Creel Miranda se sentía estafado. Televisa había sido incapaz de cumplir su promesa de convertirlo en candidato y a la postre en presidente de México.

Pero ¿qué le hizo creer a Creel que contaba con el apoyo del gigante de la televisión? Una alianza sellada el 26 de mayo de 2005, justo cinco días antes que el político renunciara a la dependencia a su cargo, desde donde autorizó 65 permisos para la instalación de casas de apuestas remotas y 65 salas de sorteos de números a través de pantallas.

Aprovechando los huecos que existían en la legislación en materia de juegos y sorteos, Santiago Creel aceleró los trámites para otorgar en total 130 permisos a diversas empresas, siendo el mayor beneficiario la dinastía de los Azcárraga. Pero el jueves 9 junio de ese año una serie de sobres con los documentos probatorios de dichas irregularidades fueron repartidos entre la prensa internacional. Creel nunca sería presidente.

Dicha reforma a la ley electoral generó un mercado negro, según comenta un político de izquierdas que pidió no ser mencionado. Sobre todo en los medios electrónicos que ofrecían sitios web por sumas fuera del precio real del mercado y que incluían un número de entrevistas radiofónicas con los candidatos del partido. O bien, asesorías de imagen y media training que incluían coberturas de eventos de dirigentes y candidatos, así como invitaciones a programas de análisis y debate. “Incluso en las intermedias de 2009 hubo un grupo de reciente creación que nos comunicó que toda entrevista debía pasar primero por la caja o bien deberíamos juntarnos tres candidatos de diversos partidos y organizar mini debates para que fuera, según ellos, equitativo”.

Capital sin ideología

En la semana previa a las elecciones la candidata a senadora por el Partido Acción Nacional y ex comisionada para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Xochitl Gálvez, denunció en su cuenta de Twitter la corrupción que existe en los medios impresos y electrónicos en los diversos estados del país. Gálvez acusó que durante las elecciones se estaban pagando “grandes sumas para comprar silencio”.

De acuerdo con Gálvez dichos recursos no sólo provenían de los partidos, que por ley tienen prohibido comprar tiempo en medios, sino directamente de los gobernadores, por lo que exigía que se transparentara el gasto en imagen y comunicación de los ejecutivos locales. “Como no pagó a los medios de comunicación, el [periódico] Sol de Hidalgo no ha publicado una sola nota de mi campaña a senadora”.

La alineación de los Soles, la cadena más grande de diarios en el país (cuenta prácticamente con uno en cada estado), se origina en la década de los 70 cuando su dueño original, José García Valseca –debido a maniobras gubernamentales–, se ve imposibilitado para pagar un préstamo y la cadena pasa a manos de Mario Vázquez Raña, un personaje pintoresco y con un largo currículum deportivo: fue campeón nacional de tiro, miembro del Comité Olímpico Internacional y, desde 1975, presidente de la Organización Deportiva Panamericana (Odepa).

Los académicos de la línea crítica que estudian el fenómeno del poder y de los medios de comunicación en México argumentan directamente que en el sexenio de Fox el presidente tuvo escaso liderazgo, en comparación con sus predecesores. En este nuevo contexto los medios empezaron a empoderarse y los intereses, que antes eran sólo políticos, se convirtieron en intereses político-económicos. Todo un cambio. Las lealtades dejaron de ser hacia un partido, y se desplazaron hacia el mejor postor.

“Hoy en México lo que encontramos son medios que, por elección, deciden apoyar a tal o a cual candidato porque así conviene a sus intereses”, asegura la doctora Mireya Márquez. Para esta  investigadora existe un mar de distancia con los tiempos de Emilio Azcárraga Milmo, el presidente de Televisa que dominaba sin contrapeso la televisión mexicana, y quien se autodefinió como un soldado del PRI. “Dudo mucho que Emilio Azcárraga Jean se defina a sí mismo de esa manera, más bien creo que el bolso pesa más que la conciencia”, afirma Márquez.

Más poder

Si la relación entre los medios y la política ya es poco transparencia en México, la concentración del poder mediático no es un tema menor. Y el 6 de abril la Comisión Federal de Competencia (CFC) de México aceptó la compra del 50% de las acciones de la telefónica Iusacell –propiedad de TV Azteca– por parte de Televisa. Con este hecho se fortalece el mercado de telefonía móvil. Pero, al mismo tiempo, los analistas ven como un riesgo la unión del duopolio televisivo en el país.

Para dicha fusión se condicionó que, en un lapso de dos años, debe existir una tercera cadena nacional de televisión. Algo que, según Ackerman, respondió a las presiones de los poderes fácticos. “Es inaceptable de parte de CFC, quieren lavarse la cara poniendo muchas condiciones, incluso una absurda que es condicionarlo a la licitación de una nueva cadena en dos años. Eso es especulación; en todo caso, que esperen a que haya más competencia en la TV y entonces sí lo autoricen”.

Los mercados, en cambio, han visto con buenos ojos la alianza. Valeria Romo, analista de Telecomunicaciones de Grupo Financiero Monex, explica que la caída de 1,52 puntos en las acciones de Televisa durante la jornada del 18 de junio se debió a que se pueden ver castigados los márgenes operativos de la empresa, porque al ser dueña del 50% habrá inversiones para impulsar a Iusacell en el mercado de telefonía móvil. En opinión de Romo, las condiciones impuestas por la CFC evitarán en efecto una alianza de contenidos, por lo que descarta que se trate de una fusión entre ambas televisoras.

Para Ismael, el taxista chilango, estos juegos de poder ocurren en una esfera remota. Y a la vez cercanísima. Ve teleseries y shows de Televisa, y ahora podrá verlos en su móvil de Iusacell. Y a Peña Nieto como presidente, inaugurando un puente o una escuela.