Son 104,2 millones los latinoamericanos entre 15 y 24 años. Nunca antes habían coexistido tantos jóvenes en América Latina en su historia y nunca más serán una proporción tan alta de la población. La participación de estos jóvenes en el mercado laboral es considerada como un premio, pues mantiene competitivo el mercado laboral y permite que los sistemas de beneficios sociales basados en la distribución de cargas se mantengan a menores costos. “No obstante, este bono demográfico está llegando a su fin en América Latina”, dice el español Guillermo Dema, especialista regional en empleo juvenil de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El problema es que ese bono no se está aprovechando: el desempleo entre los jóvenes en la región es 2,5 veces el de los más adultos. Y muchos de quienes sí tienen un trabajo, se trata de funciones precarias del sector informal, mal pagados y sin beneficios sociales. El ingreso mensual de los jóvenes promedia US$ 424 comparado con los US$ 788 de los adultos. Otra causa de preocupación es que casi el 20% de esos jóvenes ni trabajan ni estudian (por lo que son conocidos como los “ni-ni”) lo que genera una presión extra al sistema. “Es un momento crucial para América Latina; la región debe actuar rápido con políticas que favorezcan el trabajo de los más jóvenes”, dice Dema.