El Banco Mundial tiene una agenda ambiciosa en América Latina. El ente multilateral de crédito mira con satisfacción cómo ha ido incrementando su influencia en América Latina a costa de otras multilaterales de crédito en la región, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

“Ya prestamos más dinero en la región que el BID”, dice Pamela Cox, vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe. “Si se mira el paquete total que proveímos durante la crisis, éste llega a unos US$ 17.000 millones por año fiscal, casi el triple de lo que prestábamos antes de la crisis”.

De acuerdo a Cox, esto se debió a que el Banco Mundial tenía mucho conocimiento de la crisis previamente a la crisis gracias a la intensa cartera de programas que tienen en la región –un tercio de sus programas globales ocurrían en América Latina antes de la crisis–, gracias a la existencia de instrumentos financieros más adecuados a las necesidades de los gobiernos de la región y a una disponibilidad de capital más alta, “algo que falló en otros entes regionales como el BID”. De hecho, Cox hizo estas declaraciones en la Conferencia de las Américas, evento que coorganiza por segunda vez y que tradicionalmente era organizado por el The Miami Herald junto al BID.

Según Cox, la ventaja del Banco Mundial es que no es un ente reconocido como prescriptivo y que sus aportes en dinero así como su conocimiento no involucran la imposición de un modelo económico.

“No estamos para predicar: trabajamos con muchos tipos de gobiernos a los que tratamos de ayudar en temas de desarrollo”, dice Cox. “Y reconocemos que estas soluciones pueden ser distintas para cada país”.