Es la pregunta del momento: ¿Cómo los regímenes autoritarios pueden sobrevivir a las redes sociales y a la fuerza de internet? Túnez, Egipto y otras debilitadas tiranías del Medio Oriente y el Norte de África parecen demostrar que el avance de la democracia por la supercarretera de la información es demoledor. No obstante, Evgeny Morozov dice lo contrario: internet y las redes sociales también fortalecen a los gobiernos opresores. En The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom, el autor describe lo absurdo de las creencias que atribuyen a internet “cualidades casi mágicas” con las que Occidente finalmente “podrá vencer a sus adversarios autoritarios”.

Morozov los describe como representantes del ciber-utopismo o la Doctrina Google, que tiene, según el autor, a Thomas Friedman como su cherleader en jefe y a la revista Wired como su “órgano impreso de difusión oficial”.

La idea de que internet favorece a los oprimidos “desconoce cómo los gobiernos autoritarios han reaccionado a internet”, sentencia. Los ciber utópicos no predijeron “la eficacia de la propaganda política en la red”, ni lo bien que la usarían como “mecanismo de vigilancia”, ni “la sofisticación de los modernos sistemas de censura online”.

El libro fue escrito antes de las últimas revueltas del Medio Oriente. El autor recuerda las protestas de Teherán de 2009, cuando miles de jóvenes protestaron contra el resultado supuestamente fraudulento de una elección. Se habló de “la primera revolución catapultada a un escenario global por las redes sociales”. No obstante, el movimiento se desintegró con mucha pena y casi nada de gloria.

Morozov tiene fundamentos para su escepticismo. Trabajó para una ONG occidental que buscaba promover la democracia en los países de la ex URSS con “armas” internéticas: blogs, wikis y redes sociales. Pero perdió su entusiasmo con la reacción de los gobiernos autoritarios: censura online, bloggeros y trolls propagandistas a sueldo.

Desde su óptica, es innegable que el gobierno de EE.UU. está haciendo de Google, Facebook y Twitter parte de sus herramientas de política internacional. Sin embargo, el peligro radica justamente “en no reconocer que la red también puede ser usada para fortalecer a los regímenes autoritarios antes que debilitarlos”. Del desconocer esta realidad “no pueden esperarse más que políticas incorrectas”.