Figura bastante menos en las primeras planas que Petrobras, pero sus defensores aseguran que sus días de patito feo están contados. Se espera que en 2011 este gigante, que genera 40% de la electricidad que se consume en Brasil, dé un paso crucial en su historia. El próximo año Eletrobras dará inicio a su programa de proyectos en el exterior, apostando que hasta 2020 al menos 10% de la facturación provenga de negocios en otros países latinoamericanos.

Es una cifra modesta (unos US$ 97 millones). Durante el primer semestre de 2010 Eletrobras obtuvo utilidades por US$ 973 millones, revirtiendo las pérdidas de US$ 1.144 millones que tuvo en el ejercicio anterior. Sin embargo, muchos analistas consideran que es apenas el comienzo y que la expansión regional podría contribuir mucho más a los ingresos de la compañía.

La apuesta internacional, señalan las fuentes, puede ser una forma de compensar la caída prevista de la rentabilidad. Y es que a partir de 2015 vence un 40% de las concesiones actuales que tiene la generadora. La empresa deberá hacer esfuerzos para reducir sus costos operacionales, que están entre los más altos del sector, y cumplir el desafío de concretar una cartera de inversiones en el extranjero por US$ 17.160 millones en los próximos dos años.

“Buscar una puerta de entrada a otros países es en estos momentos la mejor alternativa para Eletrobras”, señala el profesor Nivaldo De Castro, coordinador del grupo de estudios del sector eléctrico de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (Gesel, por sus siglas en portugués), que asesora a la empresa estatal en su proceso de internacionalización.

El principal argumento, según él, es que en el continente latinoamericano la compañía enfrenta una menor competencia y puede obtener mejores retornos. “Es más fácil encontrar socios con emprendimientos locales o integrarlos al sistema brasileño”, dice De Castro. Con excepción de Colombia, todos los países de la región tienen una “crisis energética endémica” debido al incremento de la demanda por sobre la oferta.

En total Eletrobras ha identificado por lo menos 100 proyectos, los que podrían generar hasta 30.000 MW de potencia. Según Sinval Gama, superintendente de operaciones en el exterior de Eletrobrás, dichos proyectos aún están en una fase embrionaria. “Por cierto, no todo es viable y no vamos a entrar en todos”, afirma.

Mapa del tesoro. Según Gama, entre los proyectos más avanzados está la construcción de cinco centrales hidroeléctricas en Perú, con capacidad para generar 6.500 MW. Dada su viabilidad esperada, tanto ese proyecto como posibles emprendimientos en Argentina y Nicaragua podrían iniciarse en 2011 (ver lista completa).

De Castro, coordinador de Gesel, asegura que las operaciones de Eletrobras en el extranjero engloban tres ámbitos: construir centrales hidroeléctricas en la frontera, siguiendo el modelo de Itaipú; aprovechar los acuerdos de interconexión energética (como el que Brasil está negociando con Perú) para atender la demanda interna de cada país y exportar excedentes a Brasil; y, por último, invertir directamente en Centroamérica.

Eletrobras también quiere entrar en Estados Unidos. “Con unos US$ 60 millones, ya es posible comprar una participación de 5% en alguna central”, dice el superintendente Gama.

La nueva Eletrobras (antes se la conocía como “Eletrosaurio”) nació en 2008, cuando se la autorizó a desarrollar nuevos proyectos y realizar inversiones en el extranjero. La empresa saneó sus cuentas, encargó una nueva imagen, se abrió a en la Bolsa de Nueva York y pagó dividendos adeudados hace décadas.

Hoy está dispuesta a ser un líder regional.

Sin embargo, en el informe titulado “El Gigante se Mueve”, analistas del Banco Santander en Brasil señalan que la baja eficiencia, sumada al hecho de que la compañía deberá renegociar en 2015 una parte significativa de sus contratos, podrían comprometer las inversiones y la ofensiva en territorio extranjero, afirma el autor del informe, Márcio Prado.

Para el profesor De Castro son temores infundados. “Las concesiones seguirán siendo rentables porque son inversiones ya amortizadas. No implican riesgos. Y las nuevas inversiones en centrales comenzarán a generar beneficios”, afirma.