Antes de ser el punto de encuentro anual de gobernantes, financistas y líderes de opinión, Davos era un popular destino no sólo para los amantes de los deportes invernales, sino también para los convalecientes de tuberculosis y otros males respiratorios. Y si de convalecencias se trata, hace tres años que los encuentros del World Economic Forum no logran dar con un relato coherente para hacer frente a la incertidumbre financiera y política. A comienzos de 2009, cuando la crisis subprime hacía estragos en las bolsas mundiales, su lema fue: “Dando forma al mundo post-crisis”. Al año siguiente, cuando la crisis financiera contagió al resto de la economía, la propuesta fue “Mejorar el estado del mundo: repensar, rediseñar, reconstruir”. Es significativo el uso de ciertas palabras; en la versión 2011 los participantes del foro fueron invitados a reflexionar sobre “Normas compartidas para la nueva realidad”. Ahora el tono es aún más cauteloso: “La gran transformación: delineando nuevos modelos”.

Klaus Schwab, el economista alemán que fundó el WEF y hoy actúa como su CEO, sintetizó el momento ante la prensa reunida en Ginebra en vísperas del evento: “Corremos el riesgo de perder completamente la confianza de las futuras generaciones”.

Han quedado atrás los años de optimismo y efervescencia sobre las perspectivas de la globalización. En su séptima edición, el Informe de Riesgos 2012 elaborado por el WEF identifica los “desequilibrios fiscales crónicos” y la “severa desigualdad de ingresos” como los grandes riesgos económicos del año, ambos de alto impacto y con una probabilidad de 4 dentro de una escala de 2,5 a 4,5. Entre los riesgos sociales, encabezan la lista una crisis en el suministro de agua y escasez de alimentos. El documento fue elaborado por aseguradoras e instituciones financieras suizas y estadounidenses.

“Se necesita un nuevo modelo para responder a los cambios de poder fundamentales que ya han ocurrido y están ocurriendo”, dijo Schwab. “Pienso no sólo en los cambios sísmicos del poder geopolítico y geo-económico desde Occidente a Oriente, o de Norte a Sur, sino también en la necesidad de integrar actores no-estatales que desean ser oídos y tienen la capacidad para hacerlo”.

Por lo pronto, el movimiento de protesta “Occupy WEF” (Ocupemos el Foro Económico Mundial) juntó sus fuerzas en la plaza de Davos para manifestarse en contra de la cita. Otros actores no-estatales, en cambio, fueron invitados al evento. Es el caso del dirigente estudiantil chileno Giorgio Jackson, por ejemplo, cuya exposición mediática es superior incluso a la de muchos políticos de su país.

De los 2.500 líderes mundiales que habitualmente se reúnen en Davos, unos 100 suelen ser latinoamericanos. Ello de un total de los 780 nombres registrados en las bases de datos del WEF. Están los jefes de Estado, ministros, presidentes de bancos centrales, los grandes empresarios, pero también el brasileño Paulo Coelho, o el venezolano Gustavo Dudamel, el “hombre que rejuveneció la música clásica”. Tal vez ellos ayuden a encontrar el relato.