I wish to wish the wish you wish to wish, but if you wish the wish the witch wishes, I won’t wish the wish you wish to wish, reza un trabalenguas en inglés. Muchos latinoamericanos desearían recitarlo con tanta eficiencia como lo hacen con Pedro Pablo Pérez Pereira, pobre pintor portugués, pinta paisajes por poca plata para poder pasear por París. 

Pero, si de hablar lenguas extranjeras se trata, no hay magia posible: sólo vale el esfuerzo. Según Education First, empresa que enseña inglés en 50 países del mundo, los latinoamericanos le hacemos el quite.

En su ránking anual sobre destreza en el manejo del inglés, sólo los argentinos y dominicanos se encuentran en un nivel más o menos aceptable: ocupan los lugares 15 y 23 en un total de 63 países. Les siguen Perú, en el puesto 34 a nivel global, y Ecuador, 35. No es un problema por ser latinos --Rumania ocupa el lugar 16-- ni con no ser desarrollados: Indonesia se encuentra en el 28. Igual, naciones como República Dominicana, Chile y Colombia muestran progresos en los últimos siete años. Y otros, como Costa Rica, afirma el estudio de la empresa, sentaron las bases para un salto futuro con una buena red pública de profesores bilingües. Así, en el futuro en vez de hacerse nudos con la lengua la usarán para saborear un buen sándwich hecho por una buena bruja: There’s a sandwich on the sand which was sent by a sane witch.