Si de poner las cosas en la balanza se trata, Bjorn Lomborg no se pierde. Cuando se le habla de cómo el cambio climático llegó, recuerda que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hoy el calentamiento global mata a unas 141.000 personas al año. No es una cifra para menospreciar, pero palidece frente a las víctimas de otro problema “ambiental”: los 4,3 millones que mueren por la contaminación del aire indoor (por quema de madera o cartón).

Danés y economista, este medioambientalista puede ser descrito como el anti Al Gore, el ex vicepresidente de EE.UU. que impactó con sus denuncias del cambio climático. En 2001 Lomborg escandalizó al publicar el libro El ambientalista escéptico, por cuestionar los posibles escenarios que se han planteado a futuro por el calentamiento global. Su obra es criticada porque, por ejemplo, cuando se le habla de calentamiento global, Lomborg dice que es real y que tiene efectos negativos, pero asegura que no es el fin del mundo y que existen problemas más importantes.

Su desacuerdo es con las soluciones que se proponen: “Cuando hablamos del calentamiento global, mi preocupación es que estamos tratando de atacarlo de la manera menos eficiente. Todo el mundo se preocupa, pero la respuesta no es poner un panel solar o un molino de viento, que es una forma muy cara de hacer casi ningún bien”, dice. De acuerdo a la Agencia Internacional de Energía (AIE), cita, el planeta obtiene 0,5% de su energía del sol y el viento: “Aunque hiciéramos todo lo que se dijo en la Conferencia en París y todo el mundo hiciera todas sus promesas verdes, en 2040 tendríamos (sólo) 2,4% de la energía de esas fuentes”, agrega.

Lomborg es profesor adjunto en la Copenhagen Business School, ex director del Instituto del gobierno danés de Evaluación Ambiental (EAI) en Copenhague, y director del Centro del Consenso de Copenhague (entidad sin fines de lucro), y cuando habla de París se refiere a lo ocurrido el año pasado, entre noviembre y diciembre, cuando allí se realizó la XXI Conferencia sobre Cambio Climático. El principal objetivo de esta reunión era reducir las emisiones de CO2 (dióxido de carbono), para evitar un alza de 2°C en la temperatura del planeta. “La conferencia por sí misma está prometiendo fenomenalmente poco. Si tomas las estimaciones de la ONU, se promete cortar 56 gigatoneladas de CO2 entre 2016 y 2030. Para llegar a dos grados, tenemos que cortar 6 mil gigatoneladas. Aún si todos mantienen sus promesas de París, vamos a hacer menos del 1% de lo que necesitamos. Y aún así el costo es fenomenal. Estamos hablando de gastar entre 1% y 2% del PIB  global haciendo básicamente nada en cien años desde ahora”.

Recuerda que la citada agencia internacional de energía estima que, si se realizan todos los proyectos prometidos en torno al cambio climático en los próximos 25 años, se gastarán cerca de US$3 billones en energía solar y eólica. El efecto de todo es bajar el suficiente CO2 para que al final del siglo las temperaturas descindan apenas 0,02 grados. “Gastar tanto dinero en un inmedible efecto en 100 años es simplemente tonto. Está bien intencionado, pero es una mala idea”, dice.

Las soluciones deberían ser una mejor inversión. Por eso Lomborg trabajó con 27 economistas del mundo y tres ganadores del Premio Nobel, para ver dónde se puede tener el mejor efecto por cada dólar gastado en medioambiente.

Con ellos publicó su último libro: The nobel laureate’s guide to the smartest targets for the world. Incluye gráficos según los cuales la manera de enfrentar el cambio climático sería invertir en investigación. De acuerdo a esto, por cada dólar invertido se pueden obtener US$11 de vuelta, comparado con menos de un dólar que se obtiene con el objetivo de los 2°C.

Sobre el tema del por qué no comenzar ahora mismo la transición a energías no fósiles, su queja principal es que, por ahora, son muy caras y no logran generar suficiente electricidad: “Es como si en los años 60 hubieras colocado un computador en cada hogar, eso hubiese sido muy ineficiente. Primero hay que hacer la investigación, y cuando sea lo suficientemente barato, todo el mundo cambiará, en lugar de intentar forzar la solución muy rápido. La clave es invertir en investigación y desarrollo”.

- ¿Cómo realizar ese tipo de inversión en zonas como América Latina, donde hay menos recursos?

- Muchos gobiernos están haciendo promesas, pero ¿por qué creeríamos que eso pasará? La realidad es que no pasará a menos que sea lo suficientemente barato. Pero la segunda parte es que, si quieres hacer algo bueno por el medioambiente, no hagas lo que se ve bien, haz lo que realmente hace bien. En vez de gastar mucho dinero en sol y viento, gástalo en investigación y desarrollo.

Hay que reconocer que hay mayores problemas medioambientales: contaminación del aire outdoor, contaminación indoor. Esos son el tipo de problemas en los que los gobiernos deben enfocarse también. Además, hay otros desafíos: pobreza, mejor educación, que también son importantes. Mi mensaje no es “no te preocupes por eso”. Preocúpate por ello inteligentemente, tenemos que ser inteligentes sobre dónde gastamos nuestros recursos.

- ¿Por qué los países no apuntan en esa dirección entonces?

- Estoy seguro de que la mayoría de los políticos entra a la política porque quieren hacer del mundo un mejor lugar, pero si quieres ser reelecto, eso es una cosa muy diferente. Terminas siendo electo por lo que es popular, lo que es sexy, lo que vende. Si soy un político y quiero verme como el que ayudó a salvar el mundo, es mucho más fácil decir: “mira todos los paneles solares que puse, mira este molino de viento”. Eso da la sensación de que hiciste algo. En cambio, si gastas dinero en desarrollo e investigación, donde los resultados pueden estar en 20 o 40 años, eso no es sexy.

Poco, tarde y caro

Lo que hace noticia, para Lomborg, guía las decisiones que se toman en el mundo, y no sólo a nivel medioambiental: “Hay muchos Al Gore para el cambio climático, como Greenpeace y Friends of the Earth, y todos tienen buenas intenciones. En parte, es por su trabajo que reconocemos el calentamiento global como un gran problema. Pero me gustaría que hubiese un Al Gore para la polución de aire en interiores, para la polución externa, para la tuberculosis, VIH,  y uno para violencia contra las mujeres”.

Después de su investigación, la violencia contra las mujeres es uno de los problemas que Lomborg y su equipo consideran uno de los más grandes. De acuerdo a sus datos, 308 millones de mujeres son golpeadas por sus parejas al año, lo que se traduce en un costo de US$4 billones.

- ¿Se considera feminista?

- Ni siquiera estoy seguro de qué significa. Se convirtió en una de esas etiquetas que colocas en las personas. Me gusta pensar que no soy nada, que me muevo por lo más eficiente. Tenemos situaciones donde las mujeres no ganan tanto como los hombres o que no participan tanto de las fuerzas de trabajo, y eso es estúpido.

Cosas como apagar la luz de una habitación de la que vas a salir y tomar duchas cortas, pequeños gestos que algunos hacen para aportar al medioambiente y otros intentan imponer en quienes no los siguen, es algo con lo que no está de acuerdo: “Si quieres que la gente use menos energía, una cosa es hacerlas sentir culpables y la otra, como diría un economista, es poner un impuesto en eso.  El resultado de ambos es que la gente reduce el uso”. 

Es que, para Lomborg, los pequeños esfuerzos no tienen un real impacto. Casos como los apagones de una hora para ahorrar electricidad o los movimientos como el veganismo y vegetarianismo, no tendrían un efecto tangible. Uno de los argumentos para dejar el consumo de animales, es que genera menos CO2 en la producción de alimentos. El mismo Lomborg es vegetariano, pero se mantiene escéptico sobre su efecto a gran escala: “Si todos hacen un poco, se suma sólo un poco a nivel mundial. Por ejemplo, soy vegetariano porque no quiero matar animales, pero no pretendamos que esta es una forma de enfrentar el calentamiento global”.

Aunque admite que es cierto que la producción de carne emite más CO2, Lomborg explica que una persona compensa eso de otras formas: “Es algo por lo que te sientes muy virtuoso, pero no resolverá los problemas del mundo, porque la mayoría no lo hará –dejar los productos animales– y porque usarás tu dinero en otras cosas: viajes, autos, electricidad, una casa más grande; todo eso lleva a aumentar la emisión de CO2, y puede no ser lo mismo, pero es casi lo mismo”. Y casi lo mismo, no es suficiente para él. “Todas esas pequeñas cosas son sólo pequeñas cosas, triviales. Ni tú ni yo vamos a salvar el mundo, como no vamos a resolver el hambre comiendo menos”.

El camino correcto

Hace algunos años, Lomborg aprendió algo nuevo. Las calles y carreteras en todo el mundo se fabrican con una curva que permite que el agua escurra y así evitar inundaciones: “¡Wonderful! Alguien descubrió eso y yo no tenía idea. Esta es sólo una de las cosas que el mundo hace bien”, dice.

- ¿Cuál sería un buen cambio para los próximos 5 o 10 años?

- Por lejos el mayor beneficio es el del que casi nadie hablará: el hecho de que sacaremos a 100 millones de personas de la pobreza. Desafortunadamente, no es el logro de nadie. La razón por la que esto pasará es porque habrá un crecimiento económico general. Ese es un gran logro, imagina gente no viviendo terribles-terribles vidas, sino sólo terribles. No es una gran vida, pero es mucho mejor.

Según los datos de Lomborg, en los años 20 del siglo pasado entre 90% y 95% de la población ganaba menos de un dólar por día. En 2015, ese porcentaje bajó a menos de 10% por primera vez, “un logro fenomenal”. Aunque en los problemas de medioambiente Lomborg es realista, aún así celebra algunas pequeñas victorias: “A veces pienso que no se trata de hacer todo bien, sino de hacerlo un poco menos mal. Esa es mi meta. Los políticos igual gastarán dinero en cosas que no deberían, pero si puedes prevenir 2% de ese gasto, yo lo llamo un trabajo bien hecho. Fundamentalmente, el mundo siempre será ineficiente, pero hay que hacerlo menos ineficiente”.

Quizá uno de los grandes inconvenientes de invertir en medioambiente sea que la ganancia de eso beneficiaría más a la sociedad que al sector privado. Para Lomborg, eso lo hace crucial a la hora de fomentar la inversión gubernamental.

En el último Congreso de Medioambiente en París, Bill Gates -uno de los que ha recibido consejo de Lomborg y su equipo- logró que Obama y otros líderes prometieran doblar su inversión en investigación de energía verde: “Eso fue por lejos lo mejor que salió de París, y fue de Bill Gates en vez de los gobiernos. Me hubiese gustado multiplicarlo por 10, pero tenemos el doble, lo que aún es bueno. Esa es la forma en que solucionaremos problemas”.