Estamos en año electoral y, pese a los recortes, el gasto público continúa alto, pero no se concentra en la inversión. ¿No debería cambiar eso?
Hoy puedo afirmar que Brasil tiene una de las mejores situaciones fiscales del mundo. Mejor que la de China o que India. Los gastos en la nómina pública no son más altos de los que eran en 2002. El déficit de la presidencia disminuyó. También está disminuyendo el déficit en nuestro mayor gasto, que es la seguridad social, porque ha aumentado la formalización y eso aumenta la recaudación. Existen gastos en la nómina pública que de hecho aumentaron en los últimos dos años, pero no llegan al nivel del gobierno anterior, donde eran 5% del PIB en 2002.

El BNDES (banco estatal de desarrollo) también supone un gravamen para el Estado, ya que genera un spread negativo para el Tesoro…
¿Sabe cuál es la institución más codiciada en toda América Latina? El BNDES. El banco desempeñó un papel fundamental en la superación de la crisis. Lo que le damos al BNDES es crédito, no es un gasto primario. Si hablamos de aportar al banco 3.000 millones de reales al año, estamos inyectando 80.000 millones o 100.000 millones de reales, lo que genera un efecto fantástico. Porque cuando uno estimula una empresa y ésta realiza inversiones, también paga impuestos. Nuestro gasto lo obtenemos de vuelta con un margen. El BNDES fue uno de los responsables de la rápida recuperación del crédito en Brasil, que este año ha crecido entre 17% y 18%. Eso ha sido tan eficaz, que hoy tenemos gente hablando de desacelerar la economía. En algunos países están llorando porque les falta, y aquí lloran –algunos, porque yo no estoy entre ellos– porque tienen de más.

Algunos economistas están preocupados por el aumento del déficit en la cuenta corriente y la balanza de pagos de Brasil. ¿Está de acuerdo?
El asunto del déficit en la cuenta corriente surgió principalmente porque hubo una contracción en el comercio internacional. Nuestro saldo comercial disminuyó y Brasil continuó con un ritmo más elevado al importar.
El año pasado también hubo una valorización del real y hubo más remesas por dos razones: porque el tipo de cambio era favorable y porque las empresas que tenían que cerrar sus balances malos en el extranjero enviaron US$ 18 millones en remesas, lo que es bastante. Pero no digo que esto constituya una tendencia. Con la recuperación de la economía mundial y con los mayores estímulos que le entregaremos al sector exportador, esa curva se va a invertir en 2011 o 2012.
De cualquier forma, eso no causa vulnerabilidad, ya que el déficit en la cuenta corriente sólo es peligroso cuando la economía tiene una deuda externa elevada y reservas bajas. Ésa era la situación en Brasil en 1998, cuando teníamos un cambio fijo, reservas bajas y una alta deuda externa. En 1999, la deuda brasileña era de 38,5% del PIB, hoy es de 12,8%. Nuestra situación actual no es de ningún tipo de vulnerabilidad. Hoy tenemos más reservas que toda la deuda externa junta.

Algunos creen que la valorización cambiaria y la diferencia entre las tasas de interés domésticas con las externas podrían estimular un proceso de desindustrialización.
Eso es un chiste. El sector que más está creciendo este año es la industria, con 8%. ¿Cuánto creció la industria en 2006, 2007, 2008? Bastante. ¿Y dónde está la desindustrialización? El asunto es que Brasil tiene una apertura comercial menor que otros países. Nosotros dependemos mucho más del mercado interno que del externo. No digo que eso sea una cosa buena, pero es un hecho. Brasil tiene una industria poderosa, moderna, sólo es menos competitiva porque algunos países fijan un tipo de cambio artificial o utilizan métodos de competencia que, digamos, no son los más limpios.
Ahora, claro que tenemos que estar atentos al tipo de cambio. El cambio en Brasil está estabilizado después de ajustar el IOF (un impuesto a la entrada de capitales extranjeros) y de que compráramos muchos dólares. Desde octubre en que el dólar estaba a 1,70 real no bajó más. Son controles de capital que yo llamaría moderadores del apetito. Ahora, claro, si el cambio se va a 1,40 real podría haber una desindustrialización, importaríamos todo. ¿Pero usted cree que lo permitiríamos?

“No somos un país monoexportador, por eso no vamos a sufrir la enfermedad holandesa”.

El autor estadounidense John Naisbitt afirma que el descubrimiento de las reservas de crudo en las costas brasileñas (conocidas como pre-sal) es negativo para el país, pues una fuente de recaudación tan grande desincentiva realizar las reformas necesarias.
Probablemente no sepa nada de Brasil. No somos un monoexportador, no vamos a sufrir la “enfermedad holandesa”. El pre-sal va a rendir fruto de aquí a seis, siete u ocho años, y antes de eso haremos inversiones fuertes. Parece que él defiende los intereses de las grandes petroleras internacionales, que serán perjudicadas con ello.

El modelo que queremos implantar aquí es el de Noruega, un país extremadamente avanzado, que no sufrió la dolencia holandesa, que creó un fondo soberano. Los recursos del petróleo van al fondo, que lo administra con cuenta gotas. Además, Petrobras es una de las empresas más dinámicas del mundo, realiza inversiones que estimulan la industrialización.

Brasil está uniendo plataformas y puede venir capital extranjero –coreano, chino– para asociarse con un productor brasileño, fabricar aquí, generar empleo aquí, transferir tecnología. Hoy, nosotros tenemos la cuarta cartera de compras navales más grande del mundo, tenemos una docena de astilleros produciendo navíos modernos. Estamos desarrollando la industria metal-mecánica. Es una bendición que a otros países les gustaría tener. Porque el petróleo seguirá siendo escaso. Lo digo con conocimiento, porque soy presidente del consejo de administración de Petrobras.

En el contexto internacional, ¿qué se necesita para reducir la volatilidad del sistema financiero? ¿Es positiva la propuesta de crear un fondo de estabilización que grave los bancos?
Lo fundamental no es ese fondo. Lo fundamental es reformar el sistema, cambiar las reglas, dar más seguridad y más transparencia. Por ejemplo, los instrumentos derivados tienen que ser controlados, registrados. En cuanto al gravamen, es más bien simbólico. Si Estados Unidos y el Reino Unido quisieran cobrar impuestos, lo harían. Nosotros somos más avanzados en términos de regulación financiera que Estados Unidos y toda la Unión Europea. Cobramos más impuestos a los bancos que ellos. Entonces, eso de gravar es para la platea, pues fueron ellos los que desregularon. Fui simpático y dije que apoyaba esa medida. Pero, ¿voy a cobrar impuestos en Brasil por daños que no tuvimos? A veces, el sector financiero tiene que ser gravado. Pero también quiero que sea sólido, que tenga capacidad de financiamiento. Dicho esto, deberíamos hacer una regulación internacional, crear algunas reglas básicas para todos los países. Yo voy a luchar para que ello sea aprobado en la próxima reunión del G20 en Canadá. Vamos a ver si logramos amarrar algunas reglas.