Su silueta borrosa, captada por el celular de un rescatista, recorrió el mundo como símbolo de esperanza dentro de la tragedia que azotó a Japón el 10 de marzo. Hiromitsu  Shinkawa, de 65 años, flotaba –vivo- en un trozo de techo de su casa, a 15 kilómetros de la costa. Una esperanza, en apariencia, más bien pálida, dada la magnitud de la destrucción de ciudades y pueblos. Eso sin contar con el impacto de la fuga radioactiva de Fukushima. Sin embargo Japón se ha recuperado, y rápido, de terremotos anteriores. También de los dos bombardeos atómicos de 1945. Por ello, algunos países latinoamericanos ya están sacando cuentas para aprovechar la reconstrucción. 

La nación oriental se encuentra en una posición privilegiada: no es ley que un megadesastre natural impulse la economía golpeada. Nicaragua, por ejemplo, nunca se recuperó del terremoto que la devastó en 1972. En Chile, en cambio, al gran sismo de 1985 le siguieron años de robusto crecimiento económico. ¿Por qué la diferencia? “En general los países con mayores niveles de ingreso, educación y desarrollo financiero pueden invertir en prevención y reconstrucción”, dice Mark Skidmore, profesor de economía de la Universidad del estado de Michigan y autor, junto al académico japonés Hideki Toya, de la Universidad de Nagoya, de una serie de ensayos sobre el impacto económico de los desastres naturales. Por contraste, “el caso de Haití es dramático, no tenían el marco institucional para hacer frente a un terremoto de menor magnitud que el de Japón”.

Sobre este último país, varios analistas estiman que el impacto global del desastre será acotado, aunque dañará en el corto plazo la producción y la demanda. Tal optimismo, matizado con cierta cautela, proviene del historial sísmico de Japón. El terremoto que afectó en 1995 a la ciudad de Kobe, el sexto mayor puerto de contenedores del mundo, estimuló a la economía nipona, que creció un 2,6% al año siguiente. El fallecido economista George Horwich, de la Universidad de Purdue, estudió el fenómeno y llegó a una conclusión que podría aplicarse al terremoto-tsunami de 2011: “Aunque se destruya una cantidad significativa de capital físico, si hay un número crítico de personas capaces con una cultura tecnológica y una economía dinámica, el capital físico resurgirá casi espontáneamente”, escribió en un paper académico publicado hace 10 años.

Es la apuesta de varios de los principales socios comerciales del archipiélago asiático en la región. El ministro de Economía chileno, Juan Andrés Fontaine, dijo que estimaba que indudablemente la reconstrucción japonesa debiera aumentar la demanda por minerales y maderas. Quienes critican esta visión optimista señalan que Japón posee una posición fiscal bastante deteriorada. Es cierto, aunque también lo es que el stock de ahorro físico de las personas es vigoroso y que el país posee más de 800.000 millones ahorrados en bonos del Tesoro de EE.UU. Además, dado el virtual estancamiento semideflacionario, es plausible que un quantitative easing, mejor conocido como “tirar dinero desde helicópteros”, tendría efectos nulos sobre la inflación.