Hasta mediados del año pasado fue la tercera refinería más grande de EE.UU. Aun con el recorte del 30% de su capacidad, implementado para mejorar su rentabilidad, quedó en la octava posición y entre las 10 más grandes del planeta. Pero el tamaño no es garantía de éxito para siempre: Hovensa anunció a mediados de enero que dejaría de operar totalmente en junio próximo. Se convertirá así en una nueva víctima de la crisis que afecta al sector petroquímico estadounidense, el cual ha sufrido impactos desde ángulos antes inesperados: la crisis financiera global; la aparición de una nueva generación de refinerías en Arabia Saudita, India y China, que están creando una sobreoferta de capacidad de refinación; la caída en el consumo de combustibles en EE.UU.; y la oferta competitiva de gas proveniente del fracking.

El anuncio del cierre de la empresa envió ondas sísmicas a toda la pequeña sociedad de Saint Pierre, que es integrante de las Islas Vírgenes Americanas, donde Hovensa empleaba a más del 2% de su pequeña población y era una de las principales fuentes de financiamiento de la administración local. Tanto o más destacable es que la medida tendrá un impacto sobre la capacidad de refinamiento de PDVSA, ya que la compañía es una joint venture entre la petrolera venezolana y la estadounidense Hess Corp., la que presentó pérdidas por cerca de US$ 1.300 millones en los últimos tres ejercicios. Casi el 60% del crudo total refinado por la empresa era provisto por PDVSA y se destinaba al mercado estadounidense. No es claro cómo reemplazará ese combustible la compañía venezolana en el futuro. Aunque, si de refinación se trata, la empresa sudamericana tiene otros proyectos: “PDVSA va a entrar próximamente en el negocio de la destilación de petróleo en Argentina”, dijo el ministro argentino de Planificación, Julio De Vido, también en enero. En Buenos Aires se dice que la formalización sería en marzo. Ver para creer.