Hay vidas que parecen gustar de los sobresaltos mayúsculos. Quizás porque se iniciaron de esa forma. Sin duda los secuestradores brasileños que pusieron el nombre de Eduardo Saverin en la lista de niños ricos secuestrables en 1993, no sabían que con ese acto echaban a rodar una cadena de acontecimientos que llevaría al pequeño a poseer una fortuna de US$4.000 millones “sólo” por confiar en una idea medio propia, medio robada, sencilla e inverosímil de un compañero en Harvard: Marck Zuckerberg. Es que la posibilidad del plagio de su retoño llevó a Saverin padre –industrial, exportador y también inversor en bienes raíces– a llevarse a su familia a vivir a Miami. Allí Eduardo tomó la ciudadanía estadounidense.

Saverin no es cualquiera en la historia de Facebook. Era el dueño de 34,4% de propiedad original y fue su primer CFO. Sus desacuerdos con Zuckerberg fueron a juicio y aparecen en la película “La Red Social”. Finalmente su propiedad fue establecida en cerca del 4%. Podría ser una historia con final feliz, pero Saverin renunció en septiembre del año pasado a la ciudadanía de EE.UU. y se fue a vivir a Singapur, en apariencia para pagar US$67 millones menos en impuestos cuando se realizara, este año, la IPO de Facebook.

No sospechaba que su acción llevaría a que los senadores Charles Schumer y Robert Casey  introdujeran el proyecto de Ley de Ex-Patriot, la cual establece que cualquier persona con un patrimonio neto de US$2.000 millones o un impuesto a los ingresos promedio de US$148.000 en los últimos cinco años que renuncia a la ciudadanía, es considerado evasor de impuestos. “Simplemente no podemos permitir que los ultra ricos escriban sus propias reglas”, ha dicho Casey, que incluyó en la ley la prohibición de ingreso permanente a EE.UU. de los infractores. Saverin respondió dando una entrevista al NY Times en la cual dijo que pagaría todos los impuestos por lo que ganó en EE.UU. Más allá de eso, Saverin parece condenado a las torturas de la fama global: escribió sin C el apellido de Zuckerberg en Facebook al felicitarlo, tanto por la IPO como por su matrimonio. Y ya lo sabe todo el mundo.