Richard A. Mueller, profesor de la Universidad de California, no creía en el calentamiento global. Ni que tuviera origen en la actividad del hombre. Gracias a ello consiguió US$ 150.000 de la Charles G. Koch Charitable Foundation, de los connotados petroleros Hermanos Koch, siempre generosos en financiar cuanto promotor exista del conservadurismo moral, el hiperliberalismo económico y el antiecologismo. Mueller puso ese dinero a trabajar dentro de su Berkeley Earth Surface Temperature Study (BEST), con 12 científicos, y anunció lo resultados a fines de julio pasado: la temperatura ha subido en los últimos 250 años, acelerándose en los últimos 50 años.“Todo este incremento es el resultado de la emisión humana de gases de invernadero”, dijo, agregando que “mi cambio total, en un corto tiempo, es el resultado de un análisis cuidadoso y objetivo”. No fue la única sorpresa en el tema en las últimas semanas. Los primeros días de agosto, una mala noticia vino a desbancar el concepto extendido de que la generación hidroeléctrica es una fuente “verde” de energía: un grupo de investigadores de la Universidad del Estado de Washington, en EE.UU., descubrió que las represas, lagos y lagunas asociadas con ellas son fuentes de metano inesperadamente potentes, en especial cuando sus niveles de agua descienden con brusquedad: las aguas multiplican 20 veces sus emisiones y los barros hasta 36 veces en tales períodos de baja. Dado que sólo en EE.UU. hay 80.000 represas y que el metano es 25 veces más potente para calentar la atmósfera que el dióxido de carbono (CO2), no se trata de un tema a despreciar. Para John Harrison, profesor de la universidad, el descubrimiento debería impulsar un cambio en el manejo de las represas en todo el planeta. “Tenemos la capacidad para administrar el tiempo, la magnitud y la velocidad en la utilización del embalse”, dice.

Este descubrimiento puede alterar la vida útil de la represas si, eventualmente, las emisiones de gases de invernadero se comienzan a incluir dentro de los costos de generación.