A principios de la década de los 90 el escritor canadiense Douglas Coupland popularizó el término Generación X para referirse a los nacidos después de 1970. Apáticos y emocionalmente desorientados, los miembros de esa cohorte (por los veintitantos en aquel entonces) aspiraban cuando mucho a un McJob, un empleo de poca proyección en una franquicia de comida rápida.

A dos décadas de la publicación de la novela de Coupland, para muchos latinoamericanos trabajar en este tipo de negocios es una alternativa válida, ya sea como empleadores o como empleados. Según datos de la Asociación Brasileña de Franquicias (ABF), durante 2009 sólo en Brasil el negocio movió US$ 43.000 millones. Se trata, pues, de un mercado que crece a tasas de dos dígitos y en el que hoy trabajan unas 700.000 personas.

El crecimiento de las franquicias en la economía más grande de América Latina ha sido tal que varios de los nombres más importantes ya han traspasado las fronteras. “Muchas ya emprendieron el paso siguiente, expandiéndose a otros países para dar continuidad al desarrollo del negocio”, dice Rogério Feijó, gerente de relaciones públicas de la ABF. Pese a su optimismo, las cifras de internacionalización aún son modestas para los estándares de países desarrollados. Sólo el 5% del total de las franquicias brasileñas ha salido fuera del país, algo reducido si lo comparamos con el 22% de España y el 13% de EE.UU.

La ABF estimula a sus asociados a participar en ferias internacionales y ha cerrado convenios con entidades similares en otros países. “En total hay unas 68 redes operando en 49 países”, dice Feijó, reconociendo que se trata de una cifra pequeña.

Un ejemplo es la cadena de comida italiana Spoleto. Ya cuenta con 26 locales y una fábrica de masas en México, donde comenzó a operar en 2005. “Cerramos un acuerdo con el grupo Paserba, que compró la marca y posee el derecho a abrir locales propios y conceder franquicias”, dice Erwin Júnior, gerente de expansión internacional de Spoleto.

La fábrica, inaugurada en 2009, produce 10 toneladas mensuales de masa para abastecer el mercado mexicano y debiera incrementar su capacidad para alcanzar la meta de Spoleto: 40 locales en México para fines de 2011. “Esa instalación replica el mismo modelo que utilizamos en Brasil, que hoy produce 500 toneladas mensuales”, dice Júnior.

También digno de mención es el caso de la cadena de escuelas de inglés Fisk, que actualmente cuenta con más de 1.000 escuelas, de las cuales 126 se ubican en el extranjero. Se trata de una de las mayores redes brasileñas y una de las primeras en incursionar fuera del país. “Llegamos a Argentina en 1986 y ya estamos en casi todas las provincias”, dice Christian Ambros, director de Fisk.

Según el ejecutivo, la internacionalización implica varios desafíos. “Muchas veces debimos hacer adaptaciones para lograr que nuestro negocio fuese viable. En Japón, por ejemplo, donde nuestros alumnos son dekasseguis, o sea, brasileños hijos de japoneses, tuvimos que adoptar el régimen de aulas dominicales para no afectarles su carga de trabajo normal”, dice Ambros.

Operación SÁndwich. México no va en la zaga en cuanto a empleos generados por franquicias. La diferencia está en el origen de las marcas. De acuerdo con un estudio realizado en 2008 por la consultora mexicana Alcázar & Aranday para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el número de franquicias extranjeras en México alcanzaba el 21%, mientras que en Brasil era apenas el 11% y en España, un 15%.

Otra particularidad de las franquicias mexicanas es el apoyo estatal. “Somos el único país del mundo donde existe una política pública consistente y una oficina especializada para promover las franquicias”, dice Rafael Manzo, director del mismo (Programa Nacional de Franquicias de México), un órgano dependiente de la Secretaría de Economía. Manzo explica que el programa fue creado con tres objetivos: generar nuevas franquicias, que más personas adquieran una y consolidar las ya existentes, que se cuentan por el orden de las 1000 marcas y más de 60.000 establecimientos. El 80% del presupuesto de la oficina está dedicado a la adquisición de nuevas franquicias, con créditos de hasta US$ 20.000 a tasa cero. ¿Por qué tanto entusiasmo y generosidad fiscal? Según datos del gobierno mexicano y de la Asociación Mexicana de Franquicias (AMF), el promedio de vida de una franquicia es del 90% en los primeros dos años, justo lo contrario de un negocio convencional, donde el 80% quiebra. De hecho, al quinto año más del 70% de las franquicias tiende a seguir operando.

El programa mexicano busca dar la estabilidad necesaria tanto al empleado como a los inversionistas. En muchos casos éstos son personas que apuestan sus ahorros, la pensión o una liquidación tras ser despedidos y buscan un negocio que les permita reconvertirse. “Una franquicia tiene una marca reconocida y un modelo viable, además tiene documentado y explicado este proceso, lo que le permite replicar su experiencia”, dice Diego Elizarrarás, presidente de la AMF.

Ahora bien, en materia de internacionalización México está todavía muy lejos de Brasil: apenas un 2% (30 franquicias) ha logrado abrirse al extranjero. Manzo reconoce que lo lograron sin ayuda gubernamental. “Sin embargo, ya hemos empezado a trabajar en el tema: en 2011 tendremos un pabellón en la Feria Andina de Negocios Franquicias de Bogotá”, explica.

La franquicia más innovadora en México es Kidzania, parque temático y guardería gigante, donde los niños juegan a ser grandes: trabajan de panaderos en Bimbo y son banqueros del BBVA. El negocio, fundado por Xavier López Azcona, abrió apenas en 2010 una verdadera embajada en el rascacielos más alto del mundo: la Torre Burj Khalifa, de Dubai. Aparte de este, la cadena mexicana está presente en otros 14 países, incluyendo Brasil, Japón, Tailandia y Arabia Saudita.

En el mundo de las franquicias existen distintos modelos de internacionalización. Uno de ellos es la colaboración cruzada, como la que estableció la brasileña Bob´s con la chilena Doggis. Con 750 locales en Brasil, Bob´s asumió la tarea de diseminar la marca Doggis en Brasil, mientras que el franquiciador chileno participará en la expansión de Bob´s en Chile. “Identificamos un socio internacional que entiende el negocio y se preocupa por la calidad”, dice Flavio Maia, director de desarrollo de Brazil Fast Food Corporation (BFFC, controladora de Bob’s y representante de KFC y Pizza Hut en Brasil).

A la fecha el acuerdo se ha traducido en un total de 10 locales de Doggis en Brasil y siete de Bob’s en Chile. “Contemplamos abrir unas 20 unidades de Doggis en Brasil durante los próximos meses y queremos superar la marca de 50 franquicias en los próximos cinco años”, dice Maia.

La opción por la franquicia chilena, controlada por la empresa GED, nació de la constatación de que no existía una equivalente en Brasil. “El mercado no contaba con una red estructurada en torno al hot dog, y nosotros creímos en ese formato”, dice Maia.

Otro camino es el que eligió la mexicana Kidzania para entrar al mercado estadounidense. Allí la cadena no será franquicia sino operador, dado el tamaño del mercado. Y para encontrar un socio estratégico contrató a un equipo de ejecutivos locales, entre quienes destaca Cammie Dunaway, ex vicepresidenta de Nintendo. Después de todo, no es un negocio de niños.