-¿Cómo cerramos esa brecha? ¿Qué podría hacer una escuela de negocios para que esa formación del futuro empresario, ejecutivo, economista sea más cercana a la realidad?

-Que en el seminario de gestión tecnológica lean a la Sra. Mazzucato, que no lo hacen hoy. Entre otras cosas porque las escuelas de economía, en algunas partes del mundo, incluyendo a Chile, han tratado de imitar a las escuelas de negocios, pero –desgraciadamente- las escuelas de negocios no han tratado de imitar a las escuelas de economía. Leerla les daría una versión mucho más rica y contextualizada de la problemática. Y si tú estás estudiando negocios deberías estudiar mucho más el tema de políticas industriales en sus diversas versiones, que tienen que ver mucho con los negocios.

-¿Y cómo hacemos para que estas conversaciones con rigor también ocurran en otros lugares de la esfera pública donde se forman los políticos futuros?

-Creo que estamos llegando al fin “del fin” de la Guerra Fría. Se van a abrir nuevos horizontes de debates. Toda sociedad se demora mucho en cambiar de sintonía. La Guerra Fría, si se toma la caída del Muro el año 89, recién para el 2019 vamos a estar en otra sintonía. Hay todavía una especie de percepción de que las sociedades se congelan en el tiempo. De que no evolucionan. Y seguimos un poco en debates de esa época. Las décadas de guerra fría en muchos sentidos congelaron la innovación social y es necesario hoy pasar o otra temática mas centrada en como respondemos a la globalización, con todas las fuerzas, capacidades e instrumentos que tenemos o podemos crear.

También es cierto que en este campo hubo innovaciones notables en el periodo. Un ejemplo introducido en la época de Margareth Thatcher fue cómo se hizo la privatización de British Telecom creando una asimetría en la norma y castigando al proveedor dominante. No es que fuera un igual. Esto es lo que se llamo una normativa regulatoria shumpeteriana, que busca acelerar la creación de lo nuevo.

-Eso facilitó el ingreso de nuevos competidores.

-Básicamente, BT por diez años tuvo prohibido participar en una serie de mercados. Esa es política de competencia. Porque la política de competencia no puede ser simplemente “hay colusión/no hay colusión/fiscalizo/no fiscalizo”. También hay que ver si en un mercado hay una situación no competitiva, pero para hacerla competitiva “esta es la política que tenemos que desarrollar”. Y si tienes un incumbent, que ha sido monopolio desde la invención de las telecomunicaciones, no puedes decir: “está bien, hago dos, tres cambios, vengan y compitan con este señor”. Es imposible. Por capacidad técnica, por capitalización, estructura física.

-Es una especie de “demasiado grande para competir”.

-Lo que quiero decir con esto es que las concepciones más liberales también se adoptan en América Latina con falta de rigor. Todos en un cierto mundo admiran a Maggie Thatcher, pero si ella estuviera en Chile, la política de competencia sería muy distinta.

-Tenemos el caso de ATT e internet. Cómo cuando ATT pierde el control de las comunicaciones de larga distancia eso abona la explosión de internet, pero ahí ¿los reguladores no tenían en el horizonte que podía ocurrir éso o sí?

- No. Definitivamente no.

-Fue un serendipity

-Serendipity. En este proceso se estableció que la comunicación de datos sería gratuita, el foco regulatorio era voz y telefonía local/larga distancia. Esto explica la explosión en el uso del internet en Estados Unidos y el catalizador fue el desarrollo del navegador. Ni el regulador ni ATT lo vieron venir. En esa época yo estaba en el consejo internacional de ATT y la gente de Netscape me pidió arreglar una reunión con ATT, ya que estaban buscando un comprador. La reacción fue “¿usted está loco? Esta cuestión no tiene ningún sentido”. La reunión se hizo y la discusión se deterioró completamente cuando alguien de Netscape dijo: “Y con el tiempo –esto era el año 94- y el desarrollo de la digitalización uno va a poder hablar por teléfono por las redes”. Y la gente de ATT dijieron “este tipo está volado”. La iban a vender por US$24 millones. Y el hecho que ATT no haya comprado Netscape hizo que ellos tomaran una decisión radicalmente distinta y decidieron salir al mercado. Se demoraron un poco más de tiempo y salieron el 95, recaudaron US$2.600 millones y fueron uno de los que gatillaron el “bubble de internet”.

-Yendo a innovaciones en el momento actual. Hay quién dice que estamos en un momento de caída de la innovación y otros que no es así, que en nuevos materiales, energía solar, medicina de plasmas, estamos en ciernes de un nuevo crecimiento tecnológico. ¿Cómo le ves?

-Lo veo con pesimismo en el sentido de que hay ver de dónde vienen las tecnologías. La solar es una tecnología del año 53. No es nueva. El libro de la Mazzucato es muy interesante desde ese punto de vista. Supongamos que su tesis es correcta, en el sentido que la enorme mayoría de las innovaciones en la electrónica fueron desarrolladas con apoyo estatal. Sí. Es así. Yo lo vi y viví muchas de las anécdotas del tema. En el caso de la farmacéutica, que dice que el 75% de las moléculas básicas están desarrolladas en laboratorios estatales no lo he vivido, pero supongamos que tiene el mismo rigor. Pero hoy hay una gran bajada de inversión en tecnologías fundacionales. No me refiero a la difusión de la tecnología.

-Eso sí continúa.

-La curva de difusión de tecnología es una curva de difusión de décadas. Inventas el solar el 53. El 61 es comercialmente posible para los satélites. La cosa sigue y, al final, termina en el techo de tu casa en el 2020. Es un problema de difusión de la tecnología: economías de escala, ingeniería, etc. Sin embargo la tecnología se creó el 53 y todo el resto es escalar y viabilizar, crear mejor ingeniería y todo lo demás. Mucha tecnología no pasa lo que se llama “el valle de la muerte”. Por tomar este mismo caso del 53, debió ser el 54, 55, 56, el 58 en que nadie daba un peso. Entonces, ¿hay grados importantes de inversión en el mundo sobre tecnologías fundacionales completamente distintas? Y creo que ahí ha habido un bajón.

-No en todas partes…

-Hay algunos países que han sido más militantes en esto que otros. Alemania ha utilizado el tema energético como un paradigma de desarrollo de tecnología nueva en baterías, en transmisión, etc. También en todo lo que requiere que haya redes locales de generación distribuida. Y, luego, tienes el sistema de defensa americano, los drones, etc. Que son paradigmas distintos.

3941

-Los drones son una tecnología que ahora está explotando.

-Claro, si nosotros vamos a tener transmisión de datos de alta densidad en video, digamos,  a cinco años, vendrán en parte de los drones. Imagínate que tienes uno en Afganistán manejándolo desde Colorado. En real time. Imagen total. Con un botón, imagen infarroja; con otro, imagen de rango visible, y así. Y online. Esta capacidad de transmisión de gigabytes y petabytes de almacenamiento del sistema americano de defensa  por las exigencias y requerimientos que tiene es muy fértil en innovación y parte de su lógica es crear productos civiles a la larga. Uno puede especular sobre las cientos de innovaciones grandes y pequeñas para hacer que todo esto funcione en linea y su futura aplicación a las telecomunicaciones, la TV en línea, etc. Se llama política de seguridad nacional, pero es política industrial y se vende como política industrial en las discusiones presupuestarias de lo contrario no recibiría los recursos que obtiene. No se vendes solo como defensa. Se vende como defensa y política tecnológica/industrial. Y eso es considerado legítimo por economistas reconocidos, pero no es considerado legítimo que pongan plata en energía solar.

-Porque no fueron de defensa originalmente.

-La energía solar se desarrolló para los satélites y en su época no tenían el uso que tienen hoy. Eran más bien experimentales. En otros casos, como Alemania, que no tienen el mismo foco de defensa, tienen política industrial básica. La tienen y no les da vergüenza. Y es un gobierno de derecha. No hay que olvidar que la canciller Merkel fue la que decidió parar la energía nuclear, que es el 25% de la energía eléctrica. Un cuarto del total. Fuerte. Uno pensaría que los empresarios estarían en la furia más absoluta. En cambio con muy bajo volumen ¿por qué? Porque hay una realidad: la canciller no hace esa decisión sin sentarse con los sindicatos, partidos, empresarios, sin crear un programa conjunto. Luego manda su decisión y nadie alega seriamente.

-Alemania posee una notable autonomía para generar sus políticas económicas.

-Los alemanes no tienen ninguna vergüenza, como dije antes, en el mundo en decir: “esta es política industrial”. Y, además, dicen: “si nosotros hubiéramos seguido las políticas de los economistas liberales anglosajones estaríamos mal”. ¿No? Igual es fácil dar este ejemplo. Alemania es un país con una gran tradición en estos temas. Nosotros somos países jóvenes. Alemania con Bismarck desarrolló una política educacional e industrial muy fuerte en la química, siderurgia, pero también -nosotros lo olvidamos y tampoco se publicita mucho- que la que inventó el estado de bienestar fue la derecha alemana: Bismarck. No fue la izquierda y dividió a la izquierda. Bismarck fue el que creó el estado de bienestar en el mundo. En un discurso notable, en marzo de 1864. Buen discurso.

-¿Qué decía?

-Explica por qué el Estado tenía que intervenir y no dejar al desempleado, la viuda o el viejo... los sectores vulnerables a la suerte de la caridad, insuficiente para la tarea. Tenía sus motivaciones políticas. El temor de que la Comuna de París se pudiera reproducir en Alemania. Tenía todas las cosas que tienen los políticos, que no lo hacen simplemente porque tienen un corazón enorme. Pero lo comento porque hay un tejido cultural y político distinto detrás de estas políticas industriales.

-¿Y cómo avanzamos nosotros hacia ese tejido? Tenemos algunas raíces que apuntan hacia ello. Se podría pensar en los esbozos de política industrial de Balmaceda, por ejemplo. ¿Cómo logramos esas dos cosas? Este sentido común de que es posible conversar con mayor rigurosidad sobre estos temas que son complejos y que es posible, con esas conversaciones, crear sistemas que puedan llevarlas a cabo.

- Creo que para aglutinar estos temas lo mejor es tener un buen problema que nadie de los actores controla. Y es la globalización. Nadie controla la globalización. Y nosotros no tenemos fronteras de ninguna especie, no tenemos tarifas arancelarias. Por primera vez, en el mundo, estamos completamente desnudos. Y hay siete, ocho mil millones de personas en el resto del planeta que está tratando de decir “cómo voy a hacer yo con esto, lo otro, lo tercero”. Aquí hay una desnudez  de la economía, del sistema, que debería galvanizarnos.

3942

-Pero no lo hace…

-Porque, de muchas maneras, la gente sigue con una mentalidad de sustitución de importaciones. En el sentido de que es una mentalidad de que hay fronteras. Pero no hay. Algunos países pueden aguantar esto más que otros: Brasil, la Argentina, porque son mercados grandes, pero nosotros somos mercados muy chiquititos. En el mundo global somos una especie de Mónaco, en proporción. Como nos abrimos al mundo, eso significa que necesitamos otro nivel de educación, otro nivel de acuerdo entre los actores sociales, normativas exigentes y herramientas nuevas.

-Es un problema para el próximo gobierno.

-Esto no es un problema del próximo de este gobierno. Creo que una de las razones por las cuales este ha sido un gobierno sin éxito es porque lo agarró este problema. Se quedó en la misma política que teníamos antes que llegara. Y el gobierno de Bachelet que viene, tiene que empezar a repensar la manera cómo hace la política. No “la” política, sino la manera cómo la hace. Por ahí va la cosa. Cómo usamos la oportunidad para crear nuevos acuerdos sociales. Por ejemplo, la dirigencia sindical de hoy tiene que ser parte de este proceso. Y tiene la capacidad de ser parte de él.

-¿Sólo ellos?

-Los académicos también. Estos sectores medio difusos de la sociedad: los académicos, los intelectuales, que crean opinión, pero -además- tienen know how. Pero tienen un know how más neutral que los otros. Se trata de crear estos procesos sociales de rigurosidad y creación de políticas públicas mucho más consensuados en que, automáticamente, por un problema de que tienes que preocuparte del interés del otro, empiezas a tener una dinámica distinta en términos de qué vas a hacer en política industrial y otras políticas.

-Eso supone una capacidad por llamarla empática, no a nivel personal, sino grupal. Empresarios y sindicatos pensando no sólo en su conveniencia de corto y mediano plazo, sino la de todos los actores de los sistemas.

-Pero sobre un diagnóstico básico de globalización. Estas son sociedades que necesitan 5/10 años para empezar a moverse, como le pasa a un barco petrolero, porque cuatro años de un gobierno “X” no voy a decir que da lo mismo, pero no es capaz de cambiar la dirección del petrolero, a no ser que hayan acuerdos del sustrato, la base social, no de la discusión política. Sino que de la dirección. ¿Para dónde vamos a ir? ¿Vamos a tener política industrial o no? Si la tenemos ¿qué tipo? ¿cómo la estructuramos? ¿quién la organiza? ¿quién participa?, etc.

-No es simple.

-No, pero creo que Chile en particular está en una bifurcación del camino. Definitivamente en una encrucijada. El desafío es pasar de lo bueno a lo excelente. Y pasar de lo malo a lo bueno es complejo, pero es fácil comparado con pasar de lo bueno a lo excelente. Ése es el problema. Y ese problema requiere otra manera de pensar el problema. Que no puede ser el mismo problema anterior más otro.

-¿Estaremos preparados para darnos cuenta que el problema debemos pensarlo de otra manera?

-No. No estamos todavía ahí, pero creo que vamos a llegar ahí. Hay apetito en la sociedad para discutir estos temas. Y es una ingenuidad creer que estos temas se debaten en las elecciones presidenciales. No se debaten ahí. En las elecciones hay un contenido básico, pero es direccional.

-Además, en Latinoamérica estamos en un momento de sistemas presidencialistas cada vez más fuertes, donde se vota cada vez más por personas. Los partidos han tendido a diluirse.

-Estoy de acuerdo. Pero la lectura que tengo es que la razón por la cual eso sucede es porque hay un apetito de articulación social. Entonces, dicen ¿por qué Michelle Bachelet? Porque tiene a la izquierda, tiene al centro: articula. Los empresarios no le dicen que no y los sindicatos tampoco. Es capaz de articular un acuerdo social en su persona.

-Es la realidad de casi toda la región.

- Sí. Este desarrollo en América Latina lo veo así. Observo la incapacidad del sistema político o paradigma clásico de confrontación entre estos grandes grupos sociales de articularse entre ellos en forma más sistémica. Entonces, buscas un liderazgo que en su sentido virtuoso buscará cambiar los sustratos de la articulación, el cambio de la sociedad y en un sentido perverso puede caer, como lo hemos hecho en la región, en el caudillo, con las experiencias conocidas. Al final, no te cambia el sustrato. Te cambia un poco algunas cosas, pero no el sustrato.

-A la gente parece gustarle eso.

- ¿Por qué el país vota por ella? No digo que conscientemente, pero -desde el punto de vista de los atributos- se trata de “esta señora es capaz de articular cosas”. Y eso es lo que hay que hacer, pero de forma sistémica.

-Pasa en casi toda la región…

-Observo la incapacidad del sistema político o paradigma clásico de confrontación de estos grandes grupos sociales de articularse entre ellos en forma más sistémica. Entonces, buscas un caudillo. El caso de Bachelet es muy de caudillo, desde el punto de vista de cómo ella es capaz de pasearse el sistema y todo el mundo la sigue, y ningún político se atreve a decirle que no. Esto es malsano porque no cambia el sustrato. A ella le conviene porque no es víctima de los partidos. No hay sistema: hay relaciones.  

-¿Qué opinas de la pugna de poder entre los nuevos liderazgos y la élite?

-La sociedad chilena tiene a los cincuentones que están bloqueados y a los cuarentones que no se pueden desarrollar porque los cincuentones están bloqueándolos; y al final, terminas con los Jackson y algunos pocos de la generación más joven, pero nada desde el punto de vista de masa crítica, comparado con nuestra generación, que tiene que irse para fuera y los más jóvenes tienen que presionar. Es natural. Nos hemos demorado mucho en sacar a “los padres de la patria”.

*Lea la primera parte de la entrevista a Juan Rada haciendo clic aquí.