Empresas, gobiernos, analistas políticos, corredores de la Bolsa, consultores de negocios, banqueros, militares e inversores inmobiliarios se encuentran entre los grupos más poderosos de la sociedad. Sin embargo, pese a que disponen de dinero, redes de información privilegiada y capacidad de influencia, se equivocan en sus pronósticos incluso más que un ciudadano cualquiera. ¿Por qué? “En muchos ámbitos de la vida, las expresiones de incerteza son confundidas con admisiones de debilidad”, responde Nate Silver en su libro La señal y el ruido.

Dado que vivimos en un mundo en el cual “el volumen de la información se incrementa exponencialmente, pero relativamente poca de esa información es útil”, los incentivos para presentarse como poseedor de “certezas de sticker autoadhesivo” resultan grandes. No son tiempos para ejecutivos (o líderes) interesados en conocer la diferencia entre lo que saben y lo que creen que saben.

Jugador de póker, experto en modelaciones estadísticas del béisbol, creador del blog de estadísticas más popular en el mundo anglosajón (FiveThirtyEigth.com) y, por sobre todo, heraldo del método bayesiano de aproximación a los escenarios de incertidumbre, Silver posee otro mérito más: resulta encantador en las formas que elige para recordarnos que “tenemos grandes cerebros, pero vivimos en un universo, también, incomprensiblemente grande”. Hasta ahora hemos sobrevivido (bien o mal, según la época) por medio de la simplificación. Ella es nuestra fuerza y nuestra debilidad. Creemos que nuestra flota en Pearl Harbour se encuentra segura porque hemos tomado todas las precauciones contra el sabotaje y nadie cruzará el océano más grande del mundo para atacarlo, olvidando que es más fácil ocultar una flota enemiga entera allí, dado que es el más grande.

Sucede que por nuestras inclinaciones personales, corporativas o ideológicas, tomamos la información irrelevante (“el ruido”) como información relevante (“la señal”). Silver propone como solución actuar con humildad, pero de manera empeñosa en busca de los datos relevantes y “pensar probabilísticamente”. Esto último se logra usando el método creado por el estadístico Thomas Bayes: “la probabilidad de que una teoría o hipótesis sea verdadera si ciertos eventos han ocurrido”.

En las que pueden ser las 40 páginas más educativas del libro para economistas, inversores, emprendedores, empresarios y creadores de políticas públicas, Silver se mete de cabeza en el mundo del day trading (más de 8 millones de acciones transadas por segundo en la Bolsa de Nueva York) y la hipótesis de mercados eficientes creada por Eugene Fama. Sostiene que ningún inversor “puede hacer predicciones suficientemente buenas para derrotar al mercado (y tener ganancias) en el largo plazo”. ¿Es cierto? El libro se dedica a testear la trayectoria histórica del Dow Jones y el S&P 500, las diversas estrategias usadas para superar al mercado, el modelo de Robert J. Shiller y las condiciones que impiden que la burbujas especulativas se desarmen antes que el daño que realizan llegue a ser catastrófico. El resultado es magnífico: el mercado financiero se revela como un sistema complejo en el cual, como lo predice la teoría, no hay “almuerzos gratis”, pero donde la idea de que “el precio (siempre) es el correcto” resulta puro dogma. Así, el legado principal del libro es el mostrarnos que, si se trata de pronosticar, progresamos más a menudo con pasos pequeños.

The Signal and the Noise | Nate Silver

Penguin | New York, 2015

US$18,50